“InuYasha”: “InuYasha y Kagome, los Guerreros del Sengoku”.
Fanfiction escrita por: Marco Antonio Carballo (MARK6_9@hotmail.com).
Basada en los personajes creados por: Rumiko Takahashi. Todos los
personajes son propiedad y Copyright © de ésta autora.
Episodio 1: “¡Entre 2 fuegos!”
Hacía algún tiempo, que todo estaba en calma, para Kagome Higurashi, y su inseparable aliado, InuYasha, el hanyou (Chico-Demonio-Perro). Sin embargo, no estaban solos. Sus siempre leales amigos, Shippo, Sango y su mascota Kirara, el problemático monje Miroku y la sabia anciana Kaede, estaban con ellos.
Una tarde, tras almorzar, decidieron descansar un poco. Había que estar con las fuerzas al 100%, por si aparecía el pérfido de Naraku, o alguno de sus aliados, como Kagura. Al sentir el aire fresco del inicio de la tarde, Kagome se sintió viva, como no se había sentido en mucho tiempo. A decir verdad, el aire fresco, la relajó mucho.
Sin embargo, hay una frase que dice “nada de lo bueno, es eterno” y, segundos después, Kagome supo cuan cierta era esa frase. Cuando ella menos lo esperaba, llegaron Ginta y Hakkaku, los fieles acompañantes de Koga, el Chico-Lobo. Parecían preocupados.
-¡Señora Kagome, señora Kagome! –gritaba Ginta, llegando de primero. -¡Debe venir con nosotros 2, es urgente!
-¡Apresúrese, señora Kagome! –secundaba Hakkaku, llegando a continuación. -¡Koga necesita su ayuda! ¡Vamos ya, antes de que sea tarde!
El escuchar a los seguidores de Koga, era todo lo que InuYasha necesitaba, para ponerse de muy mal humor. Llegando sin previo aviso, pasó a darles, a los 2 al unísono, una terrible golpiza, dejándolos en muy malas condiciones, a ambos, tirados en el suelo.
-¡Ay, no! –se quejó el monje Miroku, viendo a los 2 caídos. -¡Por lo visto, InuYasha ya empezó, a causar problemas!
-¿Usted cree eso, Excelencia? –preguntó Sango, llegando con él. -¡Usted, como todos nosotros, sabe lo mucho que InuYasha desprecia a los Hombres-Lobo!
Nota: De los personajes de “InuYasha”, sólo InuYasha y Shippo, llaman
al monje Miroku, por su nombre a secas, o sea, Miroku. Kagome, es la única persona
que lo llama Monje Miroku, mientras que Sango, la anciana Kaede, y demás
personajes, lo llaman Excelencia. Un dato importante, que no debe ser olvidado.
-¿Qué buscan aquí, par de locos? –preguntó InuYasha, furioso, llegando con sus 2 caídas víctimas. -¡Si buscan problemas, ya los hallaron!
-¡Espera, InuYasha! –se metió Kagome, preocupada. -¡Al parecer, los amigos de Koga, dicen la verdad! ¿Y si el joven Koga, como dicen, necesita nuestra ayuda?
-¡Ese lobo necio, lo que menos necesita, es ayuda! –espetó InuYasha, dándole la espalda a Kagome. -¡En la de menos, es un truco, para llevarte con él, y tenerme fuera de todo!
-¡No es ningún truco! –gritó Ginta, tratando de levantarse. -¡Koga y Ayame, van a llevar a sus clanes, a una guerra total!
-¡Ginta, dice la verdad! –remachó Hakkaku, haciendo lo mismo. -¡Es por eso, que vinimos por la señora Kagome! ¡Ella, es la única, que puede calmar a Koga!
-¡InuYasha, creo que debemos ir con ellos! –se metió Shippo, algo cohibido. -¡En la de menos, alguien podría salir lastimado, y no queremos eso!
-¡No sé, Shippo! –contestó InuYasha, con un dejo de incomodidad. -¡Koga, ya me ha jugado sucio antes, y todo, por estar con Kagome! ¡Podría ser otro truco!
-¿Usted que opina, Excelencia? –preguntó la anciana Kaede, tras escuchar todo. -¿Cree que, en serio, InuYasha pueda tener razón?
-¡No lo sé, anciana Kaede! –respondió el monje Miroku, mesándose el mentón. -¡Creo que, en serio, puede haber problemas! ¡Secundo a Shippo, InuYasha! ¡Debemos ir!
-¡No, Miroku, no iremos todos! –decidió InuYasha, tras escuchar lo dicho por sus amigos. -¡Iremos Kagome y yo! ¡Ustedes, pueden seguirnos, pero no intervengan, salvo que sea absolutamente necesario!
Sango, Shippo y el monje Miroku, si bien no lo hicieron de muy buena gana, asintieron a lo dicho por InuYasha. Kagome les recalcó que, en la de menos, era lo mejor.
Tras ponerse de acuerdo con Ginta y Hakkaku, InuYasha y Kagome se pusieron en marcha. Mientras esto pasaba, a cierta distancia de ahí, los clanes de Koga y de Ayame, estaban empezando a ponerse frente-a-frente, cara-a-cara.
-¡Koga, traidor, pagarás caro lo que hiciste! –empezó Ayame, seria de verdad. -¡Nunca te creí capaz, de atacar a emisarios, de otro clan! ¡Me has decepcionado!
-¡No sé de que hablas, Ayame! –respondió Koga, confundido. -¡Mis emisarios, me dijeron que fueron atacados, por miembros de tu clan! ¿Qué respondes a eso?
-¿Deseas una respuesta? –quiso saber Ayame, al parecer, no muy contenta por la respuesta, que acababa de recibir. -¡Te la daré! ¡Amigos, vamos a darle un escarmiento!
Ahí, inició todo. En cosa de segundos, los 2 clanes, el de Koga y el de Ayame, estaban enzarzados en una feroz batalla, la cual, no pronosticaba un clan ganador.
InuYasha, llevando a Kagome en su espalda, avanzaba a saltos. De pronto, se detuvo.
-¿Qué pasa, InuYasha? –preguntó Kagome, algo alarmada. -¿Por qué te detienes?
-¡Tenemos problemas, Kagome! –contestó InuYasha, rechinando los dientes. -¡Y los problemas, tienen nombre! ¡Sesshoumaru!
La sola mención de ese nombre, espantó a Ginta y Hakkaku. Kagome los calmó.
-¡Nos vemos de nuevo, InuYasha! –dijo Sesshoumaru, dejándose ver. -¿Listo?
-¡La verdad sea dicha, Sesshoumaru, no puedo pelear contigo hoy! –respondió InuYasha, empezando a correr de nuevo. -¡Será otro día, adiós!
Diciendo esto, InuYasha y Kagome se fueron, dejando confundido a Sesshoumaru. Ginta y Hakkaku los siguieron, exhalando suspiros de verdadero alivio.
-¡Esto, en verdad, fue extraño! –se decía Sesshoumaru, viendo alejarse a InuYasha y a Kagome. -¡Bueno, no permitiré que esto, se quede así! ¡Lo buscaré!
Avanzando despacio, como sólo él sabía hacerlo, Sesshoumaru empezó su búsqueda de InuYasha. Sesshoumaru deseaba pelear, y no se iba a quedar con las ganas, nada de eso.
Mientras tanto, la batalla entre los clanes de Koga y de Ayame, seguía su marcha.
-¡Tras de que me dejaste, por esa chica humana, me traicionas! –exclamaba Ayame, ya furiosa. -¡Eso, nunca te lo voy a perdonar, Koga!
-¿Acaso, te has vuelto loca? –preguntaba Koga, en media batalla. -¡Lo que yo siento por Kagome, no tiene nada que ver, con tu ataque a mis emisarios!
Contando cada segundo, InuYasha y Kagome, se iban acercando al sitio de la batalla. Sin embargo, ellos ignoraban algo: Sango, Shippo y el monje Miroku, montados sobra Kirara, los iban siguiendo. Sango, le había ordenado a Kirara guardar silencio, para así, no llegar a ser descubiertos por InuYasha y Kagome.
-¿Crees que seguirlos, es acertado, Sango? –preguntó el monje Miroku, tras ver para todas partes, tratando de localizar a InuYasha y a Kagome.
-¡Confíe en mí, Excelencia! –contestó Sango, haciendo igual, viendo hacia todas partes, y llegando a ver a quienes buscaban. -¡En la de menos, InuYasha y Kagome, pueden necesitar nuestra ayuda, y debemos estar presentes, para poder dársela!
-¡Yo no sé, Sango, pero coincido con Miroku! –se metió Shippo, algo pensativo. -¡La verdad sea dicha, creo que hicimos mal al venir!
-¡Guarden silencio, ustedes 2! –demandó Sango, con tal decisión, que obtuvo obediencia inmediata. -¡Si siguen hablando tanto, nos van a descubrir!
Shippo y el monje Miroku, al unísono, asintieron a lo dicho por Sango. Había que tener cuidado, y no tirar por la borda, un plan que podría ser prometedor.
Avanzando por el bosque, InuYasha y Kagome, escucharon gritos y ruidos de golpes. Al escuchar eso, Ginta y Hakkaku, se alarmaron. Esos sonidos, indicaban cosas malas.
-¡La batalla, ya ha empezado! –exclamó Ginta, preocupado. -¡Llegamos tarde!
-¡No, nada de eso! –dijo InuYasha, ya serio. -¡Yo, tengo que detener esto, a como sea!
Diciendo esto, InuYasha se detuvo, permitiendo que Kagome, se bajara de su espalda. Al verla en el suelo, arrancó a correr, más rápido de lo que ya venía, dando saltos de 10 o 15 metros. Kagome lo siguió, acompañada por Ginta y Hakkaku.
-¡Espero que InuYasha, no haga una locura! –murmuró Kagome, preocupada. -¡El odio que siente, por el joven Koga, puede ser, ahora, una espada de 2 filos!
-¡Si le parece, señora Kagome, deténgalo! –sugirió Hakkaku, preocupado. -¡Según recuerdo, usted suele detenerlo, con una palabra, cada vez que él ataca a Koga!
-¡Al menos ahora, no lo voy a detener! –respondió Kagome, decidida. -¡Lo dejaré actuar, a ver que piensa hacer, y lo detendré, si llega a hacer alguna torpeza!
InuYasha, llegando de repente, cuando la batalla estaba en su punto más álgido, se metió en medio de los 2 clanes combatientes y, sin esperar provocación alguna, empezó a repartir puñetazos. De vez en cuando, si podía, lanzaba sus ataques, “Garras de Acero” y “Garras de Fuego”, los cuales, a no dudarlo, diezmaron a los peleadores.
-¡Con un demonio! –gruñó Koga, al ver quien había llegado. -¡InuYasha, bestia inútil, ya vete de aquí! ¡Por si no lo sabes, ésta no es tu batalla!
-¡Ya no molestes, lobo loco! –contestó InuYasha, rechazando a 2 rivales. -¡Por si no lo sabes, Kagome estaba preocupada por lo que te pasara, y decidió que viniéramos!
-¿Kagome? –repitió Koga, estremecido, al decir ese nombre. -¿Ella está aquí, bestia?
-¡Viene para acá, con tu par de inútiles amigos! –exclamó InuYasha, derribando a otros 2 atacantes. -¡Por cierto, dile a tu novia, que se calme!
-¡¡¡¡¡AYAME, NO ES MI NOVIA, BESTIA TONTA!!!!! –gritó Koga, ya furioso, y empezando a rechinar los dientes. -¡¡¡¡¡AHORA, PAGARÁS, POR DECIR ESO!!!!!
Hubo algo, que Koga no llegó a ver. Cerca de él, Ayame bajó la cabeza, y dejó que las lágrimas llenaran sus ojos, al escuchar que ella, no era nada de Koga. Una vez más, Ayame se sentía rechazada por aquel que, según ella, debía ser su esposo.
En un momento, Koga se enteró, de lo que había dicho. Al ver que había ido muy lejos, decidió que todo, por variar, había sido culpa de InuYasha, y decidió darle una lección.
En cosa de segundos, se estaba dando una escena, ya muchas veces vivida, como era ver a InuYasha y Koga, dándose de puñetazos. Ayame, sólo observaba esa batalla, mientras una legión de noqueados, tapizaba ese claro del bosque. Justo entonces, llegó Kagome, junto con Ginta y Hakkaku. Al ver a Kagome, Ayame se enojó de verdad.
-¡Bruja! –gruñó Ayame, ya furiosa. -¡Te voy a dar, una lección que no olvidarás!
-¡Espera, Ayame! –demandó Kagome, asustada. -¡No vine a pelear, no contigo!
La advertencia, llegó algo tarde. Ayame, furiosa, atacó a Kagome.
-¡¡¡¡¡“ATAQUE DE HOJAS FILOSAS”!!!!! -gritó Ayame, lanzando ese ataque contra Kagome. -¡Vamos a ver, si resistes esto, bruja! ¡Dejarás a Koga en paz, o ya verás!
-¡¡¡¡¡ESPERA, AYAME!!!!! –exclamó Koga, dejando de pelear contra InuYasha, al ver lo que pasaba. -¡¡¡¡¡NO LO HAGAS, DÉJALA EN PAZ!!!!!
-¡¡¡¡¡INUYASHA, SÁLVAME!!!!! –gritó Kagome, espantada, al verse atacada por Ayame. -¡¡¡¡¡NO PUEDO MOVERME!!!!!
Por un momento, que pasó con la lentitud de una hora, el tiempo pareció detenerse. InuYasha, al escuchar el grito de Kagome, volteó la vista… ¡Sólo para ver, espantado, que Koga se metía, entre Kagome y el loco ataque de Ayame, recibiendo él ese ataque!
Víctima de múltiples cortadas, producto del ataque de Ayame, Koga cayó al césped. Al verlo caer, InuYasha, Kagome, los recién llegados Ginta y Hakkaku, y hasta la propia Ayame, se acercaron a ver, que era lo que le había pasado. Por fortuna, Koga estaba algo herido, pero vivo. Sango, Shippo y el monje Miroku, todos montados sobre Kirara, guardaban la distancia, y observaban en silencio. Así, en silencio, se devolvieron a la aldea, a la casa de la anciana Kaede. Al ver lo sucedido, vieron que no debían meterse.
-¿Ven lo que provocan, por andar de buscapleitos? –preguntó Kagome, ya molesta con los 2 chicos-lobos. -¡Ustedes 2, Koga y Ayame, no tienen remedio!
-¡Lo siento, Kagome! –se disculpó Ayame, bajando la cabeza. -¡Me dejé llevar, creo!
-¡Kagome, no sé que pasó! –intervino Koga, avergonzado. -¡Creo, que también, me dejé llevar! ¡No sé, que puedo hacer, para que entiendas, que no pasará de nuevo!
-¡Ahí quedan ustedes 2, para que conversen! –exclamó Kagome, decidida. -¡InuYasha, vámonos ya! ¡La anciana Kaede y los demás, nos están esperando!
-¡De acuerdo, Kagome! –aceptó InuYasha, algo molesto, por no poder acabar con Koga, uno de sus más odiados enemigos. -¡De por sí, ya tengo hambre!
Diciendo y haciendo, InuYasha y Kagome se fueron, dejando sin palabras a los pasmados Koga y Ayame, de pie, en medio de una enorme legión de guerreros-lobos vapuleados, noqueados, y más fríos que pasteles de carbón. Así, a solas, Koga y Ayame tendrían oportunidad, de arreglar sus diferencias, en paz y tranquilos. Ginta y Hakkaku, por su parte, no decían nada.
Nota: Así termina “¡Entre 2 fuegos!”, episodio que inicia la serie de
relatos cortos, titulada “InuYasha y Kagome: Los Guerreros del Sengoku”. Ahora,
ésta serie continuará, en el episodio titulado “Prueba fallida”.