“InuYasha”: “InuYasha y Kagome, los Guerreros del Sengoku”.

Fanfiction escrita por: Marco Antonio Carballo (MARK6_9@hotmail.com).

Basada en los personajes creados por: Rumiko Takahashi. Todos los personajes son propiedad y Copyright © de ésta autora.

Episodio 2: “Prueba fallida”.

 

Algunos días después, de evitar que Koga y Ayame se mataran mutuamente (Eventos del episodio anterior, “¡Entre 2 fuegos!”), Kagome pensaba, sobre lo raro que pintaba todo. En cierto momento, conversó sobre eso, con InuYasha, y el resto de sus amigos (Sango, Shippo, el monje Miroku y la anciana Kaede).

 

-¡No sé que piensan ustedes, pero yo, no me quedaré cruzada de brazos! –anunció Kagome, decidida de verdad. -¡La batalla entre los clanes de Koga y Ayame, no fue algo normal! ¡InuYasha, llévame al pozo! ¡Debo ir a mi época! ¡Tengo una idea!

 

-¡Parece, Excelencia, que Kagome planea algo! –murmuró Sango, pensativa. -¿Cree que InuYasha, deba ir con ella, o será correcto que vaya ella sola?

 

-¡Debemos confiar, en la señorita Kagome, Sango! –dijo el monje Miroku, muy seguro de lo que decía. -¡Somos sus amigos, y ella confía en nosotros!

 

-¡Miroku dice bien, Sango! –se metió Shippo, tras escuchar la charla. -¡Kagome sólo desea, que todo salga bien! ¡Yo no sé ustedes 2, pero yo, la apoyo!

 

-¡Ya te llevo al pozo, Kagome! –asintió InuYasha, dejando de beber agua. -¡Vamos!

 

Ante la mirada expectante de Sango, Shippo, el monje Miroku y la anciana Kaede, Kagome se subió a la espalda de InuYasha y, en cosa de segundos, ambos se dirigieron al pozo. Una vez allí, Kagome volvería a su casa, en el Tokio de la época actual.

 

-¡Bueno, InuYasha, me voy, pero volveré pronto! –anunció Kagome, empezando a subir al borde del pozo. -¡Será cosa de un par de días, no más! ¡Debo conseguir algo!

 

-¿Conseguir algo? –repitió InuYasha, confundido. -¿Qué es, Kagome?

 

-¡Ya lo verás, InuYasha, sólo espera a que vuelva! –pidió Kagome, sonriendo. -¡Y no trates de seguirme, por favor! ¡Como te dije, serán 2 días, no más!

 

Aceptando la petición de Kagome, InuYasha se fue, a reunirse con los demás. Mientras tanto, Kagome llegaba a casa. Su madre, y su hermano menor, Sota, sonrieron al verla.

 

-¡Kagome! –saludó su madre, llegando, y dándole un abrazo. -¡Bienvenida, hija!

 

-¡Hermana! –exclamó Sota, secundando a su madre. -¡Me alegro de verte!

 

-¡Hola, mamá y Sota! –contestó Kagome, sonriendo. -¿Y el abuelo?

 

-¡El abuelo, se fue a dormir! –respondió la señora Higurashi, señalando al segundo piso, por encima de su hombro. -¡Hoy, trabajó mucho en el templo!

 

-¿InuYasha no vino contigo, hermana? –preguntó Sota, ilusionado. -¡Vamos, dime!

 

-¡No, Sota, no vino! –explicó Kagome, tomando un periódico. -¡Además, sólo estaré un par de días! ¡Sólo he venido, por unas cosas, y me iré pasado mañana!

 

-¿Qué buscas, hija? –quiso saber la señora Higurashi, viendo el periódico, junto con su hija. -¿Eso, Kagome? ¿Qué estás planeando hacer, eh?

 

-¡La situación, en el Sengoku, ha estado peliaguda! –dijo Kagome, mientras marcaba un número de teléfono. -¿Hola? ¿Compañía Hatzumachi? ¡Deseo ordenar 2 números 173-XB, y deseo que me los entreguen mañana, de ser posible! ¿Cuánto será? ¿500 yens? ¡Muy bien, gracias! ¡Hasta mañana, y gracias de nuevo! 

 

-¿Qué es ese aparato, mamá? –inquirió Sota, viendo lo que Kagome, acababa de ordenar por teléfono. -¿Para qué sirve?

 

-¡Es un deflector de balas! –contestó la señora Higurashi, viendo el dibujo. -¿Planeas llevarte esos aparatos, Kagome? ¿Para qué?

 

-¡Si pueden reflectar balas, harán lo mismo con las flechas! –explica Kagome, viendo a su madre, y a su hermano menor. -¡De ser así, InuYasha y yo, tendremos ventaja!

 

Tras pasar una noche genial en su casa, Kagome recibió, el día siguiente, los 2 deflectores de balas, modelo 173-XB. Poniéndole uno a un muñeco, lo probó, obteniendo excelentes resultados. Sus flechas, todas fueron deflectadas. Ver tan buenos resultados, le produjo una enorme alegría. Con esa sensación de felicidad y esperanza, Kagome pasó el día, saliendo con sus 3 grandes amigas, Ayumi, Eri y Yuka, y yendo al cine con Hojo, su amigo “especial” del colegio. La verdad, la pasó muy bien.

 

Al día siguiente, Kagome decidió volver al Sengoku. Al regresar, la recibieron muy preocupados, tanto InuYasha, como el resto de sus amigos (Sango, Shippo, el monje Miroku y la anciana Kaede). Al parecer, algo malo pasaba, y había que actuar.

 

-¡Kagome, hay malas noticias! –empezó la anciana Kaede, con un dejo de preocupación en la voz. -¡Según parece, una banda de forajidos, ha llegado a éstas tierras! ¡La noche que te fuiste, atacaron a varios aldeanos, y casi los matan! ¡Afortunadamente, pudimos rechazarlos, pero temo que, tarde o temprano, regresen, buscando venganza!

 

-¡No se preocupe, anciana Kaede! –juró Kagome, volviendo a ver el paquete, donde llevaba los 2 deflectores de balas, que había comprado. -¡En cuanto vuelvan, los estaremos esperando! ¡InuYasha, debes probar, en serio, los aparatos que traje!

 

-¿Aparatos, Kagome? –preguntó InuYasha, creyendo que había escuchado mal. -¡Sabes que soy reacio a usar, para pelear, cosas que no sean mis garras, o mi espada “Colmillo de Acero”! ¿Qué cosas son? ¡Vamos, dime ya!

 

-¡Son unos aparatos que, si funcionan como funcionaron en mi época, nos protegerán de las flechas de los forajidos! –explicó Kagome, mientras abría el paquete, y los sacaba, mostrándoselos a los demás. -¿Ves, InuYasha? ¡Se llaman deflectores! ¡Traje 2!

 

-¿Cree que sea buena idea, Excelencia? –quiso saber la anciana Kaede, extrañada, ante la idea de Kagome. -¡No sé, esos aparatos, no me inspiran confianza!

 

-¡Vamos, anciana Kaede, no sea tan pesimista! –arguyó el monje Miroku, algo pensativo. -¡No sé, la idea de la señorita Kagome, podría funcionar!

 

En cosa de minutos, Kagome terminó de ponerle a InuYasha, uno de los 2 deflectores de balas. Kagome sonrió satisfecha, al vérselo puesto.

 

-¡Muy bien, InuYasha, vamos a probarlo! –sugirió Kagome, tomando su carcaj, lleno de flechas, y poniéndoselo, como solía hacer, terciado a la espalda. -¿Listo? ¡Aquí vamos!

 

-¡Muy bien, Kagome, te ayudaré! –aceptó InuYasha, tomando posición. -¡Vamos a ver, dime que debo hacer, y lo haré! ¡Lo haré bien, ya lo verás!

 

-¡Quédate quieto, InuYasha, y confía en mí! –pidió Kagome, sacando una flecha de su carcaj, y poniéndola en el arco. -¡Cuando dispare, aprieta el botón verde!

 

Sin decir nada, InuYasha asintió. Kagome, decidida, tomó impulso, y disparó. Al verla hacer eso, InuYasha, según el plan, apretó el botón verde, y esperó, a ver que pasaba.

 

Ante la sorpresa general, la flecha, al llegar cerca de InuYasha, fue desviada, vía impulso electromagnético, y salió en otra dirección. Sango, Shippo, el monje Miroku y la anciana Kaede, al ver eso, se acercaron, confundidos y curiosos.

 

-¿Vieron eso? –preguntó Shippo, subiendo a un hombro de Kagome. -¡Al parecer, ese extraño aparato funciona! ¡Creo que acertaste, Miroku!

 

-¡No fue que yo acertara, Shippo! –pasó a explicar, sonriendo, el monje Miroku. -¡Es sólo que, en serio, prefiero pensar en positivo! ¡Así, se tiene mucho más éxito!

 

-¡Es bueno ver, que usted no suele equivocarse, Excelencia! –intervino Sango, sonriendo, y cruzando los brazos, satisfecha. -¡Esos forajidos, cuando vuelvan, se llevarán una gran sorpresa, ya lo verá!

 

En ese momento, InuYasha, Kagome, Sango, el monje Miroku y la anciana Kaede, pensaron, por un segundo, que Sango era clarividente. A los pocos segundos, una explosión sacudió la aldea entera. Al sentir eso, el grupo en pleno, se lanzó en carrera, a ver que era lo que estaba pasando, si bien todos, ya tenían una leve sospecha.

 

-¡Deben ser los forajidos, que han regresado! –dijo InuYasha, subiendo a Kagome sobre su espalda, y tomando la delantera. -¡Vamos, Kagome, vamos a darles una lección!

 

-¡Estoy lista, InuYasha! –contestó Kagome, tomando una de sus flechas, y preparándose para dispararla. -¡Según parece, la batalla se desarrolla, en la entrada de la aldea!

 

Dando saltos escalofriantes, con los cuales avanzaba 15, 20 o 25 metros, InuYasha avanzó hacia donde le indicaba Kagome. Al mismo tiempo, Kagome se aferraba fuerte, al cuerpo de su compañero de batalla. En segundos, llegaron al lugar.

 

Grandes llamaradas rojas, iluminaban el lugar. Algunos aldeanos, con buena fortuna, habían logrado mantener a raya, a la banda de forajidos, la cual, al parecer, ahora, llegaba con algunos refuerzos. Forajidos y aldeanos, por igual, yacían en el suelo, mientras los demás, seguían con su feroz batalla. Ver eso, impresionaba al 100%.

 

-¡Al parecer, llegamos justo a tiempo, Kagome! –indicó InuYasha, viendo la batalla, la cual iba subiendo de tono y de intensidad. -¡Baja, Kagome, tengo algo que hacer!

 

Curiosa, Kagome obedeció, y bajó de la espalda de InuYasha. Ante su mirada, InuYasha se dirigió al sitio de la batalla, de salto en salto. Sango, Shippo, el monje Miroku y la anciana Kaede, todos a bordo de Kirara, llegaron en seguida, y observaron.

 

-¡¡¡¡¡RECIBAN MIS “GARRAS DE ACERO”!!!!! –gritaba InuYasha, atacando a los forajidos. -¡¡¡¡¡ADEMAS, CONOZCAN MIS “GARRAS DE FUEGO”!!!!!

 

Los forajidos, tomados de sorpresa, sufrieron múltiples bajas, ante el ataque de InuYasha. Retrocedieron un poco, se rehicieron, y volvieron a la carga, sólo para recibir una nueva dosis, de los ya citados ataques de InuYasha.

 

En ese momento, Kagome y el resto del grupo, se unieron a la batalla, cada cual, con su respectiva forma de atacar, a la gran banda de enemigos.

 

-¡¡¡¡¡ATACA, “FUEGO MÁGICO”!!!!! –gritaba Shippo, envolviendo forajidos, en su famoso “fuego”, el cual sembró el pánico entre los atacantes.

 

-¡¡¡¡¡HIRAIKOTZU!!!!! –gritaba, por su parte, Sango, lanzando su gigantesco boomerang, el cual se llamaba así. -¡¡¡¡¡LARGO, PILLOS!!!!!

 

-¡Muy bien, señores, no deben usar armas peligrosas! –advirtió el monje Miroku, descubriendo al agujero de su mano. -¡¡¡¡¡“AGUJERO NEGRO”!!!!!

 

En segundos, el agujero de la mano del monje Miroku, absorbió las armas, de la mayoría de los forajidos. Al verse desarmados, la mayoría de los forajidos huyeron, como huyen las ratas, abandonando el barco que se hunde. Sólo quedaron el jefe, y pocos de sus hombres. Al verse abandonados, levantaron sus manos, rindiéndose. Al verlos rendirse, InuYasha se detuvo, en su misión de vapulear a quien atrapaba.

 

-¡Nos rendimos! –gritaban los forajidos, asustados. -¡No sigan, por favor!

 

-¡InuYasha, ganamos! –gritó Kagome, sonriendo. -¡Ven acá, por favor!

 

InuYasha, al escuchar a Kagome, llegó con ella, y la abrazó, sonriendo, por haber ganado una batalla más. En segundos, se procedió a conversar con el jefe de la banda de forajidos, y los pocos hombres que quedaron con él, ya que el grueso del grupo, salió espantado, y no se volvieron a ver, en las cercanías de la aldea.   

 

-¡Esperamos que, ahora, se porten bien! –empezó la anciana Kaede, viendo seria, al jefe de la banda. -¡Si desean quedarse en ésta aldea, son bienvenidos, pero deberán portarse bien, o InuYasha les dará un escarmiento bien merecido! ¡Vamos, elijan! ¿Qué harán?

 

-¡Nos portaremos bien, señora! –contestó el jefe de la banda, pálido del susto. -¡Sólo evite, por favor, que ese hanyou se nos acerque!

 

Sin embargo, no todo iba a salir como debía. Uno de los forajidos, al recuperarse del susto, se sintió presa de una gran furia, y decidió sacársela, a como fuera.

 

“¡A mí, ningún sucio fenómeno, con orejas de perro sarnoso, me dirá como portarme!”, pensó aquel forajido, sacando una daga de entre sus ropas. “¡Voy a matarlo, antes de que él, llegue a matarme a mí! ¡Así, voy a ser un héroe!”

 

En cosa de segundos, Kagome observó al forajido, y notó lo que iba a hacer. Decidió hacer lo que debía hacer, prevenir a InuYasha, para que este se defendiera.

 

-¡¡¡¡¡INUYASHA, TEN CUIDADO!!!!! –gritó Kagome, decidida, al ver al forajido atacar a InuYasha. -¡¡¡¡¡TIENE UNA DAGA, CÚBRETE!!!!!

 

Al escuchar a Kagome, InuYasha se volteó, justo cuando el forajido lo atacaba, dirigiendo su daga, al pecho del joven hanyou. Ante la mirada general, la daga, repelida por el deflector de InuYasha, el cual, al parecer, él había olvidado desactivar, se devolvió, hiriendo a su dueño, muy profundamente, en un hombro.

 

-¡¡¡¡¡AGH!!!!! –gritó el forajido, al verse herido. -¡¡¡¡¡MI HOMBRO!!!!!

 

En ese momento, el deflector de InuYasha, soltó chispas y humo, y se apagó. Al ver eso, Kagome decidió quitárselo, volver a su época, y deshacerse de esos 2 aparatos. Al parecer, no eran 100% confiables, y no valía la pena seguir usándolos.

 

Mientras Kagome se deshacía de los deflectores, la anciana Kaede, ayudada por Sango, atendía al forajido herido, y le curaba su muy  profunda herida. Pasando unos días en el presente, Kagome pensó, y concluyó algo: el Sengoku, no era época, para andar haciendo experimentos. Era mejor, seguir batallando, del modo tradicional, lo cual, a no dudarlo, InuYasha y ella, deberían hacer, les gustara o no les gustara.

 

Ya algo mejor, Kagome regresó al Sengoku, llegando cuando InuYasha estaba recibiendo un reto, de un extraño castillo, ubicado en las colinas del norte. En un momento, tomaron rumbo a ese sitio, junto con Sango, Shippo, y el monje Miroku.

 

Al parecer, algo nuevo, iba a pasar, y debía ser enfrentado, fuera como fuera.

 

Nota: Así termina “Prueba fallida”, episodio 2 de la serie de relatos cortos, titulada “InuYasha y Kagome: Los Guerreros del Sengoku”. Ahora, ésta serie continuará, en el episodio titulado “Batalla en la oscuridad”.