“InuYasha”: “InuYasha y Kagome, los Guerreros del Sengoku”.

Fanfiction escrita por: Marco Antonio Carballo (MARK6_9@hotmail.com).

Basada en los personajes creados por: Rumiko Takahashi. Todos los personajes son propiedad y Copyright © de ésta autora.

Episodio 3: “Batalla en la oscuridad”.

 

Mientras se dirigían al castillo, en las colinas del norte, InuYasha y Kagome, pensaban en el rumbo que tomaban las cosas. Si bien, Naraku no se dejaba ver, era obvio que él estaba, de algún modo, detrás de todo. La pregunta era: ¿Qué pretendía ésta vez?

 

Una vez más, la valiente pareja, entraba en acción. Sus grandes amigos, Sango, Shippo, y el monje Miroku, montados sobre Kirara, la mascota de Sango, los seguían, a una razonable distancia. Para proteger a la anciana Kaede, Kagome le pidió, que se quedara en la aldea. Ella deseaba ir, pero decidieron que era mejor, que no fuera.

 

-¿Ya casi llegamos, InuYasha? –gritó Sango, curiosa. -¡Ese castillo, está lejos!

 

-¡No, Sango, no está lejos! –contestó InuYasha, decidido. -¡Sólo una milla más!

 

En cosa de minutos, recorrieron esa milla. InuYasha, obvio, llevaba a Kagome sobre su espalda, y llegó primero. Los demás, montados sobre Kirara, llegaron a continuación, y se quedaron a cierta distancia, esperando, a ver que pasaba.  

 

InuYasha, algo inquieto, olisqueaba el aire. Kagome, con prestancia, bajó de su espalda, tomó su arco, y sacó una flecha de su carcaj. En silencio, la joven colegiala, esperó.

 

-¿Pasa algo, InuYasha? –preguntó Kagome, curiosa. -¿Hueles algo? ¿Peligro, quizás?

 

-¡Así es, Kagome! –respondió InuYasha, llevando su mano, hacia su poderosa espada, “Colmillo de Acero”. -¡Te diré algo, que no te gustará! ¡Es una trampa!

 

Dicho y hecho. En cosa de segundos, como de la nada, aparecieron 25 sujetos que, sin previo aviso, se lanzaron sobre InuYasha y Kagome, dando inicio a una tremenda batalla. Sango, Shippo y el monje Miroku, escucharon esa batahola. 

 

-¡Sango, Shippo, vamos con InuYasha, y la señorita Kagome! –pidió Miroku, viendo hacia el sitio, donde se emplazaba el castillo. -¡Al parecer, necesitan nuestra ayuda!

 

-¡Iré adelante, Miroku! –contestó Shippo, tomando la forma de un enorme globo rosado, y dirigiéndose al castillo. -¡No tarden, o InuYasha y Kagome, podrían ser vencidos!

 

-¡Vamos, Kirara! –urgió Sango, a su pantera mascota. -¡De prisa, vamos ya!

 

En el castillo, InuYasha y Kagome, a decir verdad, las estaban pasando negras, ante los repetidos ataques de aquellos 25 sujetos, los cuales, al parecer, tenían un vigor inagotable. De pronto, Kagome pudo notar, la razón de ese tremendo poder.

 

-¡InuYasha, estos tipos, tienen fragmentos de la Perla de Shikkon! –gritó Kagome, viendo aquellos brillos conocidos. -¡Cada uno, tiene un fragmento!

 

-¿Conque esas tenemos? –preguntó InuYasha, sonriendo. -¡No te preocupes, Kagome, yo me encargo, de obtener esos fragmentos!

 

Guardando su espada, “Colmillo de Acero”, InuYasha procedió a usar sus técnicas, “Garras de Acero” y “Garras de Fuego”, para sacar los fragmentos de la Perla de Shikkon, de los cuerpos de aquellos 25 sujetos, justo cuando Shippo llegaba, seguido por Sango y el monje Miroku, estos 2 últimos, montados sobre Kirara. Kagome, al ver a InuYasha actuar, les hizo a los recién llegados, una señal, con una mano, para que esperaran, y no intervinieran. Sango, Shippo, el monje Miroku y Kirara, obedecieron, y esperaron, a ver que pasaría. Al ser despojado cada uno, de su respectivo fragmento, cada uno caía al suelo, como árbol recién cortado.

 

Apenas los 25 sujetos estuvieron caídos, InuYasha y Kagome se dedicaron, por un momento, a recoger los fragmentos de la Perla de Shikkon. Sin embargo… ¡Oh, sorpresa! En cosa de segundos, los “fragmentos”, se disolvieron, convirtiéndose en polvo, el cual se fue con el viento. Al ver eso, InuYasha y Kagome, supieron algo.

 

-¡Naraku! –mascullaron InuYasha y Kagome, al unísono. -¡Infeliz!

 

-¿Qué pasó? –preguntó Sango, llegando de pronto. -¿Y los fragmentos? ¿Eran falsos?

 

-¡Acertaste, Sango! –asintió Kagome, con voz ronca. -¡Sí, eran falsos!

 

-¡¡¡¡¡NARAKU!!!!! –rugió InuYasha, ya molesto. -¡¡¡¡¡ME LAS VAS A PAGAR!!!!!

 

En un punto cercano, Sesshoumaru, el hermano mayor de InuYasha, caminaba. Su fiel sirviente, Jaken, llevaba de la rienda a su caballo-dragón de 2 cabezas, Ah-Un. Rin, la pequeña niña, a la que Sesshoumaru reviviera tiempo atrás, usando su espada “Colmillo Sagrado”, tras morir asesinada, por los lobos de Koga, montaba sobre Ah-Un y, de repente, escuchó el rugido de InuYasha.

 

-¡Señor Sesshoumaru! –llamó Rin, aguzando el oído. -¡Escuche!

 

Sesshoumaru, deteniéndose, aguzó el oído, y escuchó.

 

Jaken, frenando a Ah-Un, hizo igual. Aguzó el oído, y escuchó.

 

-¿Escucha eso, Amo Bonito? –preguntó Jaken, interesado. -¿Será lo que yo creo?

 

-¡Es correcto, Jaken! –afirmó Sesshoumaru, decidido. -¡Es InuYasha! ¡Ésta vez, no se me escapará! ¡Voy a ir a buscarlo, y acabaré con él!

 

-¿De verdad, irá a buscarlo, Amo Sesshoumaru? –quiso saber Jaken, revisando su báculo de 2 cabezas. -¿Voy con usted, o prefiere ir solo?

 

-¡Sí, Jaken, iré a buscarlo! –respondió Sesshoumaru, viendo sus espadas. -¡Prefiero ir solo, así que cuida, a Ah-Un y a Rin! -¡Espero, no tardar mucho!

 

-¡Entendido! –respondió Jaken, aferrando su báculo. -¡Rin, nos quedamos acá!

 

-¡Sí, señor Jaken! –contestó Rin, bajando de Ah-Un. -¡Buscaré hierba, para que Ah-Un, coma un poco, y descanse! ¡Hoy, ha caminado mucho! 

 

Confiando en ellos, Sesshoumaru se dirigió, al sitio que Rin le señalara. Iba con una media sonrisa en el rostro, como presintiendo que iba a pasarla bien, a su manera.  

 

De vuelta en el castillo, los cuerpos de los 25 sujetos que enfrentaron InuYasha y Kagome, de repente, se convirtieron en polvo, y se desintegraron. InuYasha, Kagome, Sango, Shippo y el monje Miroku, estos 2 últimos, recién llegados, a lomos de Kirara, vieron aquello, y lo tomaron, como un pésimo presagio.   

 

-¡Esto, no me gusta nada! –espetó el monje Miroku, pensativo. -¡Presiento problemas!

 

-¿Está seguro, Excelencia? –preguntó Sango, viendo a su alrededor. -¿Problemas, dice?

 

-¡Estoy bien seguro, Sango! –afirmó el monje Miroku, también, viendo a su alrededor, con aire de muy mala espina. -¡No puede ser! ¡InuYasha, señorita Kagome, es él!

 

-¿Quién, monje Miroku? –preguntó Kagome, alcanzando su arco. -¿Quién es él, eh?

 

-¡Sesshoumaru! –dijo InuYasha, adelantándose a la respuesta, del monje Miroku. -¡Es Sesshoumaru, Kagome, y viene para acá!   

 

-¿Sesshoumaru? –repitió Kagome, sorprendida. -¡Vaya un necio, nunca se rinde!

 

De pronto, Sesshoumaru llegó, apartando unos arbustos. Al ver a InuYasha, sonrió.

 

-¡Hola, InuYasha! –saludó Sesshoumaru, con gran calma. -¿Listo, para pelear conmigo?

 

-¡Todos ustedes, incluyendo a Kagome, para atrás! –demandó InuYasha, empezando a poner su mano derecha, sobre la empuñadura de su poderosa espada “Colmillo de Acero”. -¡Esto, amigos, se pondrá INTENSO!  

 

Kagome, Sango, Shippo, y el monje Miroku, obedecieron, y retrocedieron. En ese instante, InuYasha y Sesshoumaru se trenzaron, en un tremendo duelo de espadas.

 

-¡Ésta vez, InuYasha, acabaré contigo! –anunció Sesshoumaru, sonriendo, y descargando un ataque con su espada. -¿Listo, para ser eliminado, hermano?

 

-¡Estás más loco, que Koga, Sesshoumaru! –contestó InuYasha, frenando aquel loco ataque, de su hermano mayor. -¡Nunca me vencerás, recuerda eso!

 

-¡¡¡¡¡INUYASHA!!!!! –gritó Kagome, preocupada. -¡¡¡¡¡TEN CUIDADO!!!!!

 

Kagome gritó esto, al ver que, trenzados en su batalla, InuYasha y Sesshoumaru se iban acercando a una sección del castillo, el cual, a no dudarlo, estaba abandonado. Ese acercamiento, a no dudarlo, no presagiaba nada bueno. La sección a la cual se acercaba, ese par de locos con espadas, al parecer, era la entrada a un sótano. Lo ruinoso, que se veía el lugar, era lo que no auguraba nada bueno. 

 

De pronto… Ante varias miradas espantadas, sucedió, lo que debía suceder…

 

-¡¡¡¡¡CRASH!!!!! (Sonido de la entrada del sótano, al ceder, bajo el peso combinado, de InuYasha, y su hermano mayor, Sesshoumaru).

 

-¡¡¡¡¡INUYASHA!!!!! –gritaron Kagome, Sango, y el monje Miroku, al unísono.

 

-¡No, esto no está pasando! –masculló Shippo, llegando, de un salto, ante el sitio donde, segundos antes, estuviera la entrada al sótano. -¡¡¡¡¡INUYASHA!!!!!

 

En cosa de segundos, algo similar a un terremoto, sacudió el lugar, derribando el castillo entero. Al ver aquello, Kagome, Sango, Shippo, y el monje Miroku, se preocuparon en serio. Aún trabajando a gran velocidad, les llevaría un buen tiempo, retirar todo aquel enorme grupo de escombros. Debajo de eso, las probabilidades de InuYasha y Sesshoumaru de sobrevivir, podrían verse, peligrosamente reducidas.

 

Debajo, en una especie de cueva, lo cual les había salvado la vida, InuYasha buscaba una salida. Sesshoumaru, yacía cerca de él, inconsciente, noqueado, por el golpe que le diera, un trozo de piedra, que cayó, con la velocidad de un meteorito.

 

-¡Estúpido Sesshoumaru! –gruñía InuYasha, viendo donde estaba. -¡Ahora, debo ver como salgo de aquí, y deberé sacarlo a él, o Kagome no me lo perdonará nunca!

 

Furioso, InuYasha le pegó una patada a una piedra. Al ser pateada, la piedra pegó contra una pared de la cueva, lo cual causó la caída, de varios fragmentos del techo. Al ver lo que pasaba, InuYasha se detuvo, gruñendo furioso.

 

-¡Pero vaya, que no se te quita lo idiota, InuYasha! –espetó Sesshoumaru, poniéndose de pie, al recibir el golpe, de otro pedazo de roca, en la cabeza. -¿Qué rayos pretendes, imbécil? ¿Pretendes sepultarnos vivos, más de lo sepultados, que ya estamos? 

 

-¡No molestes, necio! –espetó InuYasha, furioso. -¡Si no hubieras venido, como siempre, buscando batalla, nada de esto hubiera pasado!

 

-¿Dices, que esto, es mi culpa? –preguntó Sesshoumaru, algo sorprendido. -¡No veo por que dices eso, porque yo, no esperaba esto! ¡Sólo vine, buscando liquidarte!

 

-¡Cínico! –dijo InuYasha, guardando la espada. -¡Voy a buscar una salida, antes de que se nos acabe el aire! ¡Cuando salgamos, te daré tu merecido!

 

En ese preciso instante, afuera del arruinado castillo, Kagome, ayudada por Sango, Shippo, y el monje Miroku, trataba de retirar escombros. Sin embargo, ni siquiera con el monje Miroku, usando su “Agujero Negro”, podían llegar al sitio, donde estaban InuYasha y Sesshoumaru. De repente, Jaken, el sirviente de Sesshoumaru, llegó ahí.

 

-¡¡¡¡¡AMO SESSHOUMARU!!!!! –gritaba Jaken, llamando a su señor. -¡¡¡¡¡AMO SESSHOUMARU!!!!! ¿¿¿¿¿ESTÁ USTED AQUÍ, AMO BONITO?????

 

-¡Jaken, el sirviente de Sesshoumaru! –lo reconoció Shippo, molesto. -¡Más líos!

 

-¡Oigan, ustedes! –llamó Jaken, llamando al grupo de amigos de InuYasha. -¿Han visto a mi amo, Sesshoumaru? ¡Según recuerdo, él venía para este lugar!

 

-¡No vengas a molestar, Jaken! –gruñó el monje Miroku, bloqueando el “Agujero Negro”, regalo de Naraku, que tenía en su mano. -¡Sesshoumaru, junto con InuYasha, está debajo de este edificio, y no sabemos si están vivos!

 

Escuchar esa respuesta, al parecer, era algo que Jaken no esperaba. Ahí mismo, cayó desmayado. Kagome, Sango, Shippo y el monje Miroku, siguieron en lo que estaban.

 

En ese momento, Shippo sintió que alguien más, se iba acercando. Al contarles a los demás, todos voltearon la vista, y llegaron a observar, a un par de remolinos, que se acercaban a toda velocidad. Al verlos, todos supieron, quienes eran ellos 2.

 

“¡Koga y Ayame!”, pensó Kagome, pensativa. “¡Me gustaría saber, si ese par, resolvieron sus diferencias, además de saber, que han venido a hacer aquí!”

 

El presentimiento de Kagome, pronto fue una realidad. Koga y Ayame, llegando de repente, preguntaron que estaban haciendo ahí. Kagome, algo aprensiva, les informó de lo que les había ocurrido, a InuYasha y a su hermano mayor, Sesshoumaru.

 

-¡Esa bestia estúpida! –rugió Koga, refiriéndose a InuYasha. -¿Es que nunca, puede hacer algo bien? ¡La verdad, Kagome, no sé como lo soportas!

 

-¡Joven Koga, no sea tan ofensivo! –exclamó Kagome, sintiendo que ya iba “a perder la dulzura del carácter”. -¡InuYasha, lo admito, no es perfecto, pero hace lo que puede!

 

-¡Koga, creo que a Kagome, en serio, no le gustó tu comentario! –intervino Ayame, suspicaz. -¡Según recuerdo, veníamos a ver, si necesitaban ayuda!

 

Sin decir nada, Koga asintió con la cabeza y, junto con Ayame, empezó a ayudar al resto del grupo, a quitar toneladas y toneladas de escombros. Mientras tanto, InuYasha y Sesshoumaru, al excavar, hallaron algo. Y ese “algo”, era un enorme túnel.

 

-¡Mira eso, InuYasha! –indicó Sesshoumaru, apuntando hacia su descubrimiento. -¡Es un túnel, y puede llevar a una salida! ¡Vayamos por ahí!

 

-¡Iré contigo, Sesshoumaru, sólo porque deseo salir, de este dichoso lugar! –espetó InuYasha, rechinando los dientes. -¡En cuanto salgamos, te daré tu merecido!

 

Diciendo y haciendo, InuYasha y Sesshoumaru, avanzaron por el túnel. En la superficie, Kagome, ayudada por Sango, Shippo, el monje Miroku, Koga y Ayame, trataba de despejar el lugar. El aire, según Kagome, podía terminarse pronto. Y ella, debía ayudar a InuYasha, justo antes de que eso pasara, para poder seguir luchando, contra Naraku.

 

Nota: Así termina “Batalla en la oscuridad”, episodio 3 de la serie de relatos cortos, titulada “InuYasha y Kagome: Los Guerreros del Sengoku”. Ahora, ésta serie continuará, en el episodio titulado “Victoria dolorosa”.