Ya sabéis de sobra que esto no lo hago para sacar dinero ni nada por el
estilo, es un entretenimiento. Los personajes y la historia de Ranma 1/2 son
propiedad de Rumiko Takahashi.
UNA COSA LLEVO A
LA OTRA…
A la mañana siguiente, Akane fue quien se despertó
primero. Abrió los ojos lentamente, parpadeando un par de veces, habituándose a
la luz dorada que entraba por las ventanas de la habitación. Lo primero que vio
fue la camiseta gris de Ranma. Los dos estaban tumbados de lado, cara a cara en
el centro de la cama, ella cobijada entre sus brazos, con su cabeza apoyada a
medias entre su hombro y su pecho. “Esto es una delicia”, pensó estrechándose
un poquito más junto a él. Había dormido tremendamente bien a pesar de que se
habían acostado a altas horas de la madrugada y a pesar de que estaba
acostumbrada a dormir sola. Respiró feliz y sosegada, recreándose en lo bien
que se sentía, sin hacer nada más.
Después de unos minutos en los que sólo se oía la
respiración de Ranma, alzó la cabeza despacio unos centímetros para verle la
cara y confirmar que seguía durmiendo profundamente. Tenía una expresión muy
apaciguada y tranquila, alejada de la que solía mostrar cuando estaba
despierto. No tenía ganas de moverse de allí, de dejar su cuerpo cálido, el
confort de la posición, su respiración suave y parsimoniosa sobre su propio
rostro. Pero la llamada de la naturaleza se hacía cada vez más insistente. De
la forma más lenta que pudo, empezó a separarse de Ranma, quitándole los brazos
de su cintura con delicadeza, intentando hacer el menor ruido.
-¿A dónde te crees que vas?
–dijo una voz ronca adormilada y apenas audible, que la volvió a retener entre
sus brazos, acercándola de nuevo a él.
Akane se acercó sin oponerse
y se apoyó en un codo, acariciándole el pelo con la mano libre. Le vio abrir
los ojos por unos segundos como las ranuras de una hucha, el azul líquido de
sus irises brillante.
-Perdona, no quería
despertarte. Sólo voy al baño –respondió sin dejar de tocarle.
Ranma enterró la cara en la
almohada un segundo, para después aproximar su cabeza hacia ella.
-¿Estás segura de que sólo
vas al baño? La última vez desapareciste sin que me enterara, cuando vino Yuca
a buscarte… -levantó una ceja desconfiado.
-Muy segura –contestó ella
sonriendo. Bajó la cabeza y le dio un beso en la frente-. Buenos días,
dormilón. Ahora vuelvo -levantó la colcha y las sábanas para salir de la cama e
ir al cuarto de baño.
Ranma se giró sobre el colchón, quedando de cara al
techo. Se acomodó la almohada para tener la cabeza más alta. Después, para
despejarse, se restregó las manos por la cara y estiró el cuerpo, empezando por
los brazos y terminando por la espalda. Akane no tardó en salir, y Ranma la
siguió con la mirada, observando cada uno de sus movimientos, cada parte de su
cuerpo mientras se metía de nuevo en la cama con él. Se quedó sentada de lado
frente a él. La vio mirar el reloj de la alarma que tenía sobre su mesita de
noche.
-Son sólo las once y media,
pensaba que sería mucho más tarde.
-Bueno, si hubiéramos estado
haciendo otra cosa anoche, nos habríamos despertado muuuucho más tarde
–respondió con una sonrisita socarrona aún medio dormido.
-¿Cómo qué? ¿Hablar?
–preguntó adrede Akane ignorando a lo que él realmente se refería. Le miró de
reojo y sonrió al ver que hacía una mueca desaprobadora.
-Sí, sobre todo hablar…
–dijo más para sí mismo que para ella. Le miró sin discreción los pechos, los
cuales se marcaban a través de la camiseta, sonriendo al final.
-Descarado –maldijo infaltilmente
Akane dándole la espalda y tapándose los senos. No vio la expresión de Ranma
cuando se alejó de él. Decidió que tenían que ponerse en marcha si no querían
perder más tiempo. Se volvió a levantar, dejando las sábanas rebujadas al pie
de la cama.
-¿No te habrás molestado por
eso, no? –preguntó Ranma al cabo de unos segundos apoyándose sobre un codo al
haber visto como Akane se alejaba de él. Ya no sabía cuándo decía o hacía de
más, y cuando decía y hacía de menos. Ahora tenía que ser precavido y eso le
incomodaba, porque no le dejaba ser del todo él mismo. No quería perderla, pero
tampoco quería dejar de ser como era, porque no les favorecería.
Akane se giró sorprendida con los ojos muy abiertos.
-¿Qué? ¿Molestado? –dijo
incrédula, mirando su camiseta-. ¿Por mirarme los pechos? No, por supuesto que
no –le contestó con más énfasis confundida.
Ranma estaba serio, y Akane
se dio cuenta de que no parecía muy convencido.
-Es que como te has vuelto
así de repente tapándote y te has alejado… -su voz reflejaba indiferencia, pero
sus ojos no.
Akane puso las manos sobre
sus caderas, con el ceño fruncido, mirándole detenidamente.
-Me he levantado porque
tenemos que ponernos las pilas. Ya es bastante tarde. Todavía tenemos que
desayunar, y sobre todo, tenemos que ponernos a estudiar. Al menos yo –le
explicó de buena manera, queriendo ahuyentar aquella expresión distante en su
rostro.
Se quedaron en silencio,
observándose.
-¿Qué pasa, Ranma? –preguntó
ella preocupada acercándose a la cama. Se fue hasta su lado del colchón y se
sentó a su lado. Ranma se volvió hacia ella-. ¿En qué estás pensando?
Ranma la miró a los ojos por
unos segundos, y después bajó la mirada.
-Nada, es sólo que… desde
que hemos vuelto juntos me siento como si tuviera que medir mis palabras y mis
acciones contigo. No me importa hacerlo, porque tengo muy claro que lo que no
quiero es perderte. Pero no sé, es como lo que ha pasado ahora, lo he hecho
inocentementemente, y tu reacción me ha hecho pensar que te había molestado.
Las pupilas de Akane se abrieron al máximo al escuchar
aquellas palabras saliendo de su boca.
-Ranma, ¿a qué viene esto? Yo no quiero que te contengas,
ni en lo que
dices ni en lo que haces, y menos por mí –dijo compungida-. Quiero justo lo
contrario. ¿Por qué lo haces? Yo no quiero que cambies tu forma de ser.
Ranma la interrumpió.
-Lo hago porque
tengo miedo de que a la mínima que diga o haga algo que no te gusta, cojas la
puerta y te largues. Crees que no sé que me podrías haber mandado a la mierda
hace ya tiempo. No soy idiota, Akane, sé que aún estamos en terreno pantanoso
en lo que a nuestra relación se refiere.
Aquella era una
conversación demasiado seria para estar hablándola tan temprano, pensó ella. No
le gustaba saber que Ranma la trataba de forma distinta para no disgustarla.
Ella era la que le daba vueltas a todo hasta retorcerlo de una forma
inexplicable, no él.
-Ranma… -dijo
apenada-. No quiero que te preocupes por eso, de verdad. Estoy aquí, a tu lado,
y no me voy a ir a ninguna parte –con ambas manos cogió la suya, y se la
apretó.
-No puedo
evitarlo, y sé que es normal que me sienta así después de todo lo que ha
pasado, es como que quiero estar seguro esta vez de lo que estoy haciendo bien.
-Y lo estás
haciendo bien –se apresuró a afirmar ella.
Se volvieron a
quedar en silencio, pensando.
-¿Esto no será
porque te he pedido que vayamos más despacio, verdad?
-No, claro que no.
No niego que me gustaría tocarte más, besarte más, hacer el amor contigo…
Seguro que lo sabes. Pero aunque lo hiciéramos esta misma noche, no cambiaría
la situación en la que estamos ahora. No aceleraría el proceso, quiero decir.
-Pienso lo mismo.
Ranma, tenemos que darnos tiempo. No te niego que es como si estuvieramos
empezando de nuevo, pero esta vez jugamos con ventaja, los dos. Comparado a las
veces anteriores, sabemos qué tenemos que hacer. Por favor, no dejes de ser
como eres por mí. Si haces algo que me molesta, te lo haré saber de alguna
forma, o simplemente te lo diré. En eso habíamos quedado. Y lo mismo al revés,
si yo hago algo que te molesta, me lo dices ¿vale? Comunicación, en eso se
basará la mayor parte de nuestra relación.
Ranma asintió.
-Me gusta que hables conmigo, como ahora –agradeció
ella-. Aunque no lo parezca, evita muchos malentendidos.
-Ya lo sé, por eso hago el esfuerzo –la sonrió, y Akane
le devolvió la sonrisa agachándose para abrazarle. Enterró su cara en su
cuello. Él le reciprocó el abrazo, apretujándola contra sí–. ¿Entonces me dejas
mirarte los pechos?
Akane levantó la cara rápidamente, y le miró con
reprobación.
-Eres único, chaval –le dijo poniéndose de pie-. Venga,
vamos a ponernos en marcha, que si no esta tarde me pondré histérica. Tengo
mucho que estudiar, y mucho que hacer.
-Levántate la camiseta –pidió Ranma con una sonrisa,
volviendo a ser el de siempre.
Akane bufó, y supo que lo estaba haciendo aposta. Apoyó
una rodilla en el amplio pecho de Ranma, cargando todo su peso sobre él, y le
giró la cara sobre la almohada con una mano para que no pudiera mirarla. Le oyó
quejarse al ver su plan de ataque.
-Sigue haciendo bromitas, grandullón, verás lo que te
espera.
Ranma no tardó en contraatacar. Plantó sus dos manos en
las caderas de Akane y buscó la camiseta para empezar a levantarla, a pesar de
que tenía la cara apretujada en dirección contraria.
-Uhhh, ¿con que me amarras eh? Verás lo que te espera a
ti como no te escapes.
En cuanto Akane vio que él estaba ganando la partida
levantándole la camiseta que había usado para dormir, se separó de él a toda
velocidad, apartando sus manos.
-¡Ranma! –exclamó por lo cerca que había estado de
conseguir su objetivo. Se quedó de pie a un par de metros de la cama,
respirando algo agitada, y le vio sonreírla con ferocidad y mucho más despierto
que unos minutos atrás. Echó a correr unos pasos al fondo del cuarto.
-No es hora de jugar –le advirtió con el dedo sabiéndose
a una prudente distancia de su acechador.
Ranma se levantó y gateó sobre la cama hasta el pie de la
misma. Se quedó sentado de rodillas al ver que Akane estaba a punto de irse de
la habitación, cogiendo el pomo de la puerta con la otra mano.
-Ven aquí, no te voy a hacer nada. Palabra –levantó las
manos para enseñarle que prometía juego limpio.
-Ya, seguro –repuso ella sin acercarse ni un milímetro-.
Bueno, para que veas que no soy tan cruel… -estiró su camiseta al máximo a la
altura de sus pechos, y estos se marcaron con una vividez demasiado nítida para
Ranma, que notó como una ola de calor le abrasaba la sangre que corría por sus
venas. Le sonrió y desapareció sin más tras la puerta.
-¡Voy a desayunar! –la escuchó decir desde el pasillo.
Akane estaba pasando por el salón, cuando de pronto
sintió unos pasos rápidos por detrás de ella. Se volvió y vio a Ranma corriendo
hacia ella. Se asustó y empezó a correr también para escapar de él.
-¡No,
Ranma, no! ¡Para! –le gritó. Pero no pudo dar más de seis pasos, porque la
cogió por detrás y la pegó a su cuerpo. Estuvieron a punto de caer juntos al
suelo. Akane empezó a reír estrepitosamente.
-Cazada –murmuró con agitación en su oído-. No sabes lo
que te haría si las cosas fueran distintas –dijo con una voz profunda, llena de
deseo y posesividad.
-Ya, pero no lo son –respondió sin apartarse.
-Tienes un morro, mira que torturarme así, provocarme con
tus pechos…
-Eso no es nada, si de verdad quisiera provocarte te
habrías corrido ya.
-¡Akane! –la pellizcó en la cadera provocando que ella la
moviera al lado contrario-. No me digas eso que te como –añadió mordiéndole el
cuello.
Akane logró zafarse de sus brazos y su cuerpo. Se quedó
de frente a él a dos pasos de distancia.
-Pues tendrá que ser otro día –le contestó poniéndose
bien la camiseta y dándole a entender que aunque le gustaba que jugaran así,
aquel no era el momento-, que hoy tenemos mucho que hacer.
-De acuerdo señorita –asintió–, pero deje de provocarme o
no seré responsable de mis actos de aquí en adelante.
-Hecho –respondió sonriendo-. Venga –le animó cogiéndole
de la mano para llevarle a la cocina-, vamos a desayunar, que si no comemos
nada no nos funcionarán las neuronas.
Ranma fue primero al servicio que había al lado de la
cocina. Luego desayunó junto con Akane, ambos sentados frente al islote que
había en el centro de la cocina.
Habían terminado de dejar los platos en el fregadero,
cuando Akane le dijo que se iba a cambiar y a lavarse los dientes, para después
ponerse directamente a estudiar.
-Akane… -dijo antes de verla desaparecer por la puerta.
-Dime –ella se dio la vuelta bajo el umbral de madera.
-El próximo mes hay una gala en mi universidad, que tiene
que ver con el deporte. Me preguntaba si querrías venir conmigo, ser mi pareja.
Ranma se había quedado apoyado en los armarios inferiores
de cara al interior de la cocina, con las manos sobre la encimera.
Akane escuchó atenta.
-Claro, iré contigo. ¿Ibas a llevar a otra persona si no?
-No, no es obligatorio ir acompañado.
-Bien, por mi no hay problema. Si eso más tarde me
cuentas los detalles ¿vale? Mira la hora que es y ni siquiera hemos empezado
–se miró la hora en el reloj de muñeca que llevaba.
-Sí, sí, no hay problema.
Akane de empezó a girar para irse.
-Puedes usar mi escritorio en el cuarto del ordenador –le
dijo él.
-¿Y tú? –preguntó ella con una mano en el umbral,
asomando sólo la cabeza.
-Puedo estudiar en mi habitación, no te preocupes.
-Vale, gracias –le sonrió ella antes de desaparecer.
Estudiaron hasta pasadas las tres de la tarde. Ambos
hicieron paradas de diez minutos cada hora para desconectar un poco y así
volver a concentrarse de nuevo en sus asignaturas y sus trabajos.
Ranma volvió a
cocinar para la comida. Akane le pidió que le dejara ayudarle, aunque fuera en
las partes fáciles, por lo que Ranma le dejó hacer la preparación de los
ingredientes. Comieron en el salón sentados sobre el sofá central, con un
cuenco de arroz, verdura y carne en las manos frente a la televisión.
-¿Entonces de qué va esta gala que me has comentado esta
mañana? –preguntó Akane llevándose la comida a la boca con los palillos.
-Cada año se escoge al mejor atleta de cada deporte y se
celebra una especie de fiesta para conmemorarles. El año pasado me escogieron a
mí, porque hice una temporada muy buena; encima después gané el campeonato.
Este año han cogido a Kiamara en mi categoría, y no me extraña, porque el tío
se está saliendo. Ha hecho unos combates increíbles, y ha sido además el que
más ha puntuado en cada uno de ellos. Así que aunque yo no sea el elegido, aún
me invitan porque fui el año pasado, igual que invitan a otros que han ido en
años anteriores. De todos modos, no pueden seleccionar a la misma persona dos
años seguidos, así que aunque hubieran querido cogerme a mí de nuevo –dijo
sonriendo dándoselas de importante-, no habrían podido. Pero vamos, que el que
más se lo merece este año es Kia con diferencia.
-¿Y puedes llevar a la gente que quieras?
-Sí. Familiares, amigos, parejas, a quien quieras en
realidad, aunque hay que pagar por cada persona extra –cuando le vio la cara a
su novia añadió rápido-, pero no te preocupes por el dinero, yo quiero que
vengas y pagaré encantado.
-Puedo pagar mi parte, sabes, no soy pobre.
-Ya lo sé, pero te estoy invitando, así que no hace falta
–comió otro bocado.
-Esta vez te dejo, pero ahora en serio, de aquí en
adelante no quiero que te hagas a la idea de que vas a tener que pagármelo
todo, porque no es así. Yo prefiero que hagamos las cosas a medias, tanto los
restaurantes, las copas, la gasolina, no sé, lo que haga falta.
Ranma puso los ojos en blanco mostrando que no era
necesario hablar del asunto, pero para hacerla feliz, la contestó.
-Akane, no le des tanta importancia, sé a donde quieres
llegar. Podemos hacer las cosas a medias, pero si de vez en cuando te quiero
invitar, me tienes que dejar.
-Estoy de acuerdo, siempre y cuando yo también pueda
invitarte todas las veces que quiera y me dejes pagar.
-Está bien… -dijo rezongando, sabiendo que no iba a ganar
aquella partida, ella era la más cabezota de los dos.
-¿Quién fue el año pasado contigo a la gala?
-Vinieron mi madre y… Ukyo –dijo el último nombre con un
poco de esfuerzo. Aún sabiendo que lo hablado la noche anterior estaba
aclarado, se daba cuenta de que Ukyo aparecía en muchos aspectos de su vida y
de que eso había llevado a Akane a cuestionarse qué había realmente entre ellos
dos.
-¿Y qué tal fue? ¿Os lo pasastéis bien?
Ranma respiró aliviado, viendo que Akane no ponía ninguna
cara rara y que preguntaba sin ningún interés de trasfondo.
-Sí claro, te dan una buena cena en un lugar bastante
bonito. Ya lo verás. Ah, y hay que ir de etiqueta, en plan formal. Yo lo más
seguro es que alquile el esmoking, como el año pasado. Tú puedes hacer lo mismo
con el vestido, que creo que sería lo mejor, porque tampoco es cuestión de
dejarse el dinero. Como tú lo veas.
Ranma se acercó a la mesa a por su refresco y le dio un
buche antes de volver a dejarlo sobre la superficie.
-¿Vestido? ¿Te refieres a uno de cóctel, largo? –quiso
saber Akane masticando de nuevo.
Ranma asintió con la cabeza.
-No digo un vestido como los que llevan las estrellas en
los Oscars, pero de ese estilo, para que te hagas una idea. En plan princesa.
Al menos así es como se visten las demás chicas.
-¿En serio? –Akane pareció preocupada-. Kami-sama, voy a
tener que revisar mi armario para ver si tengo algo decente, que lo más seguro
es que no. Al final tendré que alquilar uno, porque tienes razón, comprarme un
vestido así para ponérmelo sólo una vez no merece la pena.
-No te preocupes, conseguiremos uno. Podemos ir juntos si
quieres.
-Ni hablar, no quiero que me veas con el vestido con el
que voy a ir, si no, no te voy a impresionar.
Ranma dejó de comer y la miró fijamente.
-Akane, me impresionarás con cualquier cosa que te
pongas, ya lo sabes. –Puso los palillos en el cuenco y con la mano libre le
cogió un mechó de pelo y tiró de él para acercar sus caras-. Este me permito
robártelo –la fue a besar en los labios.
-Ranma, espera… -dijo con la boca llena. Él le rozó los
labios, pero ella se separó un poco-. Déjame tragar –alcanzó a decir con
dificultad.
Ranma sonrió.
-Me da igual –quiso rozarle los labios de nuevo, pero
sintió la mano de Akane en su cuello, frenándole. Esperaron.
-Ya –dijo ella nada más acabar relamiéndose los labios
sin pensar.
Ranma la besó dulcemente por unos segundos, sacando la
punta de la lengua
para lamer su labio superior mientras con los dedos acariciaba el mechó de pelo
oscuro. Los labios de Akane eran tan suaves y mullidos; le costó separarse.
-Siempre me gustas, te
pongas lo que te pongas –afirmó él distanciándose.
-Gracias –contestó Akane un poco ruborizada relamiéndose
los labios de nuevo inconscientemente. ¿Cuándo iba a dejar de comportarse como
una adolescente cuando estaba con él?
A Ranma le gustó el gesto, así que hizo lo mismo con su
lengua mirándola. Akane apretó los labios cuando le vio seducirla, aguantándose
las ganas de lanzarse sobre él y devorarle. Le sorprendió la fuerza con que su
cuerpo quería aproximarse a Ranma y hacerlo suyo. Agradecía que su cabeza
ejerciera un poco más control sobre la situación, ya que su mente no se
olvidaba tan fácilmente de todo por lo que habían pasado, y por lo que ella en
particular había sufrido. Apartó la mirada hacia el televisor y se dedicó a
comer lo que le quedaba de arroz y verduras.
Ranma percibió su alejamiento y aunque le dolió un poco
que lo hubiera ignorado, pensó qu era mejor no darle importancia. Terminaron de
comer veinte minutos más tarde. Llevaron las cosas a la cocina, donde Akane
remojó los cuencos y los vasos antes de meterlos en el lavavajillas.
-Bueno, deberíamos seguir estudiando –dijo Akane
secándose las manos en un paño.
-A mí no apetece nada –se quejó Ranma poniendo mala
cara-. Además, no tengo tanto que estudiar, sino hacer trabajos, que son un
verdadero coñazo.
-Venga Ranma, tenemos que hacer el esfuerzo. Míralo de
esta forma, si lo haces hoy no lo tendrás que hacer mañana –habló como si fuese
la sabiduría en persona.
-Yo lo veo justo al revés, tengo todo el día de mañana
para hacerlo –sonrió cuando la vio fruncir las cejas.
Akane dio varios pasos hasta quedar delante de él.
-Yo tampoco tengo muchas ganas de ponerme a ello, pero
tengo que hacerlo. He terminado con mis deberes de estadística, pero aún me
queda mirarme los temas del examen del martes –Akane se fijó en que eso no le
convencía mucho-. Mira, podemos planear la tarde –se miró el reloj de pulsera-.
Son las cuatro y media ahora. Podemos estudiar dos horas hasta las seis y media
y descansar un poco, y luego estudiar otro poco.
-¡Que alguien me ayude! –Ranma miró al techo implorando
algo al cielo-. ¡Estás loca! ¿Sabes tú cuanto estudio yo al día? Una hora, hora
y media como mucho. Dos horas si voy muy justo, y ya hemos estado toda la
mañana.
-No es para tanto. Luego me lo agradecerás –sonrió
levemente sabiendo que tenía razón.
Ranma bufó con la boca. Akane se acercó más, hasta quedar
casi pegada a él. Puso una mano en su abdomen, tirando un poco de su camiseta.
-Hazlo por mí –dijo ella suplicante, acariciándole con un
dedo los pectorales-. Trabaja durante dos horas al menos, y si luego no puedes
más, lo dejas ¿vale? –levantó la cabeza para mirarle, a medias seduciéndole a
medias implorándole.
Ranma abrió la boca como si fuera a decir algo, pero la
cerró. No era tonto, el acercamiento de ella había sido hecho con un propósito,
hacerle ceder.
-¿Ranma?
-Sabes, eres muy mala, estás utilizando otras armas de
ataque a las que sabes que me es muy difícil resistirme –puso sus manos en su
cintura para que le entendiera-. ¿Me estás prometiendo algo a cambio? –alzó una
ceja expectante, mirándola fijamente.
Akane sonrió bajando la vista.
-Puede. Todo con tal de que estudies y hagas algo.
-¿Tanto te importa? –preguntó él con interés.
Akane levantó la cabeza para verle la cara de nuevo.
-Claro que sí, quiero que apruebes todas. Aunque también
he de confesar que no me agrada la idea de tener que estudiar sola, sabiendo
que tú puedes hacer lo que quieras. Mi lado egoísta, que no puede evitar salir
a flote –bajó la cabeza y apoyó su frente en el pecho de él.
-Ya veo… -le acarició la cintura con las manos-. Quieres
que pringuemos los dos ¿eh?
-Sí, más o menos –la sonrisa le llegó a los ojos cuando
le volvió a mirar.
-Vaaale, estudiaré –respondió cediendo-. De verdad que no
sé cómo lo haces. ¿No te harta estar aquí metida todo el día estudiando?
-Bueno, ya lo que dices, si quieres esta noche podemos
salir por ahí a cenar. ¿Qué dices?
-Suena bien, me apunto –Ranma terminó abrazándola del
todo por la cintura y la espalda.
Akane apoyó sus manos en sus hombros, palpándolos con
gusto. Estaban muy juntos.
-Ahora te estás aprovechando… -se quejó sonriendo ella
viendo como la había llevado a su propio terreno.
-Has empezado tú. Tendrías que haber previsto las
consecuencias.
Akane se mordió el labio inferior. No le importaba no
haberlas previsto.
-¿Qué me ibas a prometer? –Ranma bajó su cabeza buscando
sus labios.
Akane actuó como si esperara el beso, pero en el último
momento se alejó, dejándole a él con las ganas. Le puso un dedo en la boca y le
detuvo con una sonrisa sensual.
-Un beso.
-¿Qué tipo de beso?
-Uno que sé que te va a gustar, así que no preguntes más.
-Si me lo das ahora, me pongo a estudiar directamente
–bajó de nuevo la cabeza con la intención de besarla.
-Ah, no –se echó hacia atrás-. Primero haces tu parte, y
después yo hago la mía. Esta noche si eso.
Ranma respiró profundamente y la miró como un tigre
hambriento al que le habían arrebatado la comida de golpe.
La soltó sin decir nada poniendo las manos en alto y
dando un par de pasos hacia atrás.
-Más te vale que el beso esté a la altura –dijo con una
voz profunda mirándola con fuego en los ojos.
-Lo estará –afirmó ella antes de verle salir de la
cocina.
Estudiaron hasta las seis y media, tal y como habían quedado.
Se tomaron un descanso de media hora, tomando un tentempié en la cocina y
después charlando un rato en el salón. Ranma dijo que había tenido bastante por
un día, que sus neuronas estaban fritas y que ya no se podía concentrar más
aunque se obligara. Le recordó a su novia que había cumplido con su parte, y
que por tanto, él podía dejar de estudiar. Akane le dio el visto bueno
sacándole la lengua. Volvió al escritorio de Ranma para estudiar una hora más.
Ranma cogió el portátil de su dormitorio y se lo llevó al salón. Encendió la
televisión, y mientras escuchaba un programa de actualiadad, miró su correo
electrónico y navegó por Internet.
Media hora más tarde, el móvil de Ranma empezó a sonar
sobre la mesa del salón. Con rapidez lo cogió y miró de quién prodecía la
llamada, “Kiamara”.
-Hey Kia ¿qué tal? –contestó después de darle a la tecla
de ‘aceptar’.
-Hola Sao. Pues bueno, bien, aunque tengo malas noticias.
Ranma se puso serio de golpe. Puso el portátil sobre la
mesa y cogió el mando a distancia para bajar el volumen de la tele.
-¿Qué ha pasado? –se sentó mejor en el sofá, bajando los
pies al suelo.
-Me acaba de llamar Feng y me ha dicho que tenemos
entrenamiento mañana –dijo el compañero con un tono de voz que denotaba que a
él tampoco le había sentado muy bien.
-No jodas tío, venga ya. Pero si se suponía que teníamos
el fin de semana libre -contestó Ranma molesto.
-Ya, eso mismo pensaba yo, pero se ve que han dejado
nuestro pabellón libre por unas horas mañana por la mañana y Toikiu quiere que
las aprovechemos, para variar.
-Como se pasan, y encima nos avisan casi sin tiempo. Ya
les vale -la voz de Ranma sonaba irritada. Por un fin de semana que Akane venía
a su casa a dormir y a estar con él, van y se lo estropean todo-. ¿A qué hora
tenemos que estar allí? –preguntó resignado.
-Empezamos sobre las once y terminaremos sobre la una,
quizás un poco antes. Eso es lo que me ha dicho Feng.
-Mierda… -se pasó la otra mano por el pelo repetidas
veces.
-Bueno, míralo por el lado bueno –intervino Hwong queriendo
animarle-, sólo serán dos horas como mucho. Sabes que nos podrían tener tres
horas y media si pudieran, como han hecho otras veces.
-Ya, son unos explotadores –dijo Ranma casi maldiciendo-.
¿Vamos todos o sólo nuestro grupo?
-Sólo nuestro grupo. Por algo somos los que más
resultados damos, porque somos los que más entrenamos –le indicó su amigo.
-Genial, encima los vamos a tener encima todo el tiempo.
En fin, ¿tengo que avisar a alguien? –inquirió Ranma para echarle una mano.
-Si puedes avisar a Keyko y a Syuho, me vendría bien.
-Vale, no hay problema –respondió Ranma sin reparo.
-Khorei, Lei y los demás están todos avisados, sólo me
queda hablar con Jiro, que no me coge el teléfono. ¿Quieres llamarle tú? –dijo
intencionadamente burlón.
-Ja Ja –rió sacástico el de la trenza- ¡Qué gracioso! Por
mí como si no viene –pronunció bastante seco.
-Algún día os tendréis que reconciliar –el tono de voz de
Hwong tenía un matiz de esperanza, ya que sabía lo importante que había sido
para Jiro tener a Ranma a su lado esos últimos años.
Hwong Kiamara siempre intentaba ver el lado bueno de las
cosas, virtud que intentaba inculcar a sus compañeros; pero para Ranma había
situaciones y personas a las que le costaba mucho ver el lado positivo.
-No lo creo. Después de todo lo que he hecho por él y así
es como me lo paga, ¿haciéndole daño a mi novia? ¿intentando meterla mano?
-Si tienes razón, Sao, pero… -Kiamara quería explicarse,
pero Ranma le interrumpió.
-Mira que le he dicho millones de veces que no vaya
detrás de las chicas de los demás. Pues no, Jiro hace lo que le da maldita
gana, y así me ha ido. Tendría que haberle mandado a la mierda hace tiempo,
cuando puteaba a otros y yo hacía la vista gorda –se iba alterando más y más
según se calentaba solo-. No le voy a perdonar en la vida –escupió con rabia-.
Además, que ya ni me importa, estamos a punto de acabar con todo, la uni, el
equipo, así que no creo que tenga que volver a verle nunca más.
-Bueno, Sao, cálmate ¿vale? –le dijo Kiamara viendo que
el tema todavía le afectaba bastante, aunque luego Ranma lo quisiera negar-.
¿Acaso no ha vuelto Akane contigo? ¿Acaso no te ha perdonado ella después de lo
que tú le hiciste?
Ranma se quedó en silencio unos segundos, pero no dejó
que las palabras de su amigo le hicieran cambiar de opinión.
-Tío, tienes que estar de broma, no puedes comparar…
-Ranma –dijo llamándole por su nombre, cosa que raramente
hacía–no quiero excusar lo que hizo Jiro, porque yo habría reaccionado de la
misma manera, y sé que sigues muy enfadado por lo que pasó, pero esta situación
no te ayuda, ni a ti, ni a Jiro, ni al equipo. Tenéis que dejarlo atrás. Ahora
actúas como si te diera igual, y dices que no te importa, pero yo sé que no es
así. Eres de los pocos amigos de verdad que Jiro ha tenido nunca, y para él has
sido siempre casi como un hermano. Ya sabes el tipo de infacia que tuvo… -dejó
la última frase en el aire, sabiendo que no era necesario añadir nada más.
-Yo tampoco tuve una infancia fácil, Hwong –murmuró
Ranma, aunque Kiamara hizo como si no le hubiera escuchado.
-Has sido una buena influencia para él, tío, y eso él lo
sabe. Pero desde que os habéis peleado, Jiro se está desmadrando cara vez más,
se está saliendo fuera de control. El fin de semana pasado volvió a meterse en
una pelea, la policía estuvo a punto de detenerle. Si no llega a estar Khorei
allí… -Kiamara se calló.
-¿Y qué quieres que haga yo? –le preguntó Ranma más
brusco de lo normal, alzando la voz-. No soy su padre, ni su entrenador ni
nada.
-Hey, tranquilo, ya lo sé, pero eras su amigo y siempre
te ha escuchado más a ti que a los demás
–intentó explicarle Kiamara.
Ranma se quedó en silencio un par de segundos, tiempo que
Hwong aprovechó para continuar.
-El otro día estuve pensando, ¿sabes como a Jiro no le
gusta que nos echemos novia? Se queja de que luego apenas salimos con los
amigos, de que nos olvidamos de ellos, de él
–enfatizó la dos últimas palabras.
-Eso
es mentira –replicó Ranma-. Yo no me olvido de mis amigos, siempre me ha tenido
ahí cuando me ha necesitado. Keyko y Syuho, o tú mismamente, no me echáis la
bronca si paso menos tiempo con vosotros porque me haya echado novia o por lo
que sea. Joder, pero si os veo el careto TODOS los días en los entrenamientos.
Sería una gilipollez que Jiro actuara así sólo por eso.
-Sabes que Jiro no es como nosotros, que aunque aparente
que está bien y que todo le va todo genial, en realidad se siente tremendamente
solo y que es posesivo no sólo con sus cosas, sino con sus amistades. No es la
primera vez que hablamos de ello.
-Ya… -era lo único que Ranma podía decir, porque ahí
Kiamara tenía razón.
-Además, no me negarás que cuando se tiene novia, el
tiempo con los amigos se reduce, sobre todo al principio, cuando no quieres
estar más que con ella ¿o no?
-¿A dónde quieres llegar? –preguntó Ranma sabiendo cual
era la respuesta.
-Tal vez a Jiro no le haya hecho gracia que, precisamente
tú, uno de sus colegas, se haya echado novia.
-He tenido novias otras veces y Jiro nunca se ha
comportado así, al menos con ellas.
-Bueno, no conozco a Akane –dijo Kiamara-, pero por lo
que he escuchado en el vestuario es una mujer que quita el hipo, y ya sabemos
como es Jiro con las mujeres. –Esperó un momento y después siguió-: No lo sé,
tío, sólo son hipótesis, seguramente me esté equivocando. Lo cierto es que tú
conoces a Jiro mejor que yo.
Aquellas palabras dejaron a Ranma pensativo. Alzó los
ojos de la mesa del salón, y vio que Akane se encontraba en la entrada del pasillo, observándole inquieta. La saludó
con la mano y la dijo de acercarse.
-Kia, te tengo que dejar. Hablamos mañana ¿de acuerdo?
-Ok, pero piensa en lo que te he dicho ¿vale?
-Ya veremos –dijo de una forma que reflejaba que no
estaba muy por la labor.
-Te veo mañana por la mañana fresco y lozano como una
rosa ¿eh? –bromeó Hwong despidiéndose.
Ranma sonrió por fin después de varios minutos.
-Ya te gustaría. Venga, nos vemos.
Colgó y se quedó mirando el móvil por unos segundos.
Tenía cero ganas de entrenar mañana, y menos ganas aún de plantearse qué iba a
hacer con el tema de Jiro. Akane se había acercado hasta el sofá y se había
sentado a su lado.
-¿Ha pasado algo? Te he escuchado alzando la voz
–preguntó intrigada.
Ranma volvió la cara para mirarla, intentando aparentar
normalidad.
-Nada, que mañana al final tenemos entrenamiento por la
mañana. Kiamara me acaba de llamar para decírmelo.
-Oh no… Vaya, qué faena –respondió poniendo mala cara.
Tampoco le habría sentado muy bien si se lo hubieran hecho a ella.
-Jo, lo siento –se disculpó Ranma-. Pensaba que iba a
tener todo el fin de semana para nosotros, pero el pabellón ha quedado libre, y
como no, los entrenadores quieren que aprovechemos las dos horas que nos dan.
-No te preocupes por mí –dijo Akane pasando un brazo por
su espalda, abrazándole, arrimándose a él-. Además, no es por tu culpa. No pasa
nada, esta noche me puedes dejar en casa después de la cena, así puedes
organizarte el día de mañana mejor.
La cara de Ranma se tensó ante ese comentario.
-¿Quieres irte a casa? –esperaba que ella no notara que
aquellas palabras le habían herido.
Akane le miró como si fuera un alien.
-Por supuesto que no –dijo con más ímpetu del necesario-.
Pero tampoco quiero ser un estorbo, y es tu casa.
-¿Y qué?
Akane se calló, sabiendo que había llegado a un callejón
sin salida.
-Bueno, está bien, entonces me quedo –negó con la cabeza
un par de veces sin separarse de él-. No sé si te importa que me quede sola
aquí –señaló el chalet con la otra mano.
-¿Vas a hacer algo de lo que deba procuparme? –la miró
con una ceja alzada.
-No, pero no sé… - no supo como continuar, y agachó la
cabeza.
Ranma la abrazó por los
hombros y la acercó más hacia sí. Apoyó su espalda sobre el respaldo del sofá,
trayéndola a ella consigo.
-Akane, confío en ti, y
quiero que te quedes. No eres un estorbo, ni en broma. Quédate –era más una orden
que un pedido.
-Vale, vale –respondió
rápido sonriendo tímidamente.
Ranma la besó en la cabeza,
y después sonrió a su pesar.
-Mira por donde, vas a tener
lo que necesitas. Mientras yo esté fuera mañana, puedes aprovechar para
estudiar. Tendrás toda la mañana para ti sola.
-Sí, es verdad –Akane
asintió-, me vendrá muy bien. -Se elevó poniéndose de rodillas en el sofá, para
luego sentarse a horcajadas encima de él-. Pero no creas ni por un segundo que
no te echaré de menos.
Ranma sonrió complacido, aceptando
de buena gana la nueva postura de Akane. Puso sus manos en su cintura.
-Es bueno saberlo, porque de
lo que menos ganas tengo es de alejarme de ti –contestó mirándola.
A Akane se le iluminaron los
ojos. Tenía las manos puestas en los hombros de él, y no dejaba de mirale,
estudiándole detenidamente. Le acarició las cervicales al mismo tiempo que
acercaba su cara para darle un beso en la nariz.
Puede que ambos se estuviran sonriendo, y de que hubiera
un buen feeling entre ellos, pero
Akane se había dado cuenta del cambio de humor en Ranma. Sabía que la llamada telefónica tenía
algo que ver. Le notaba distante y ausente, y apenas había respondido al cambio
de postura que ella había hecho. Sí, le gustaba que
ella se hubiera sentado encima de él, pero no lo demostraba. Conociéndole, lo
normal habría sido que hubiera dicho algo al respecto, que la hubiera besado o
acariciado con sus manos, pero no había hecho completamente nada, salvo poner
sus manos primero en su cintura, y después en sus caderas. A Ranma le pasaba
algo, y le dolía que no fuera capaz de
contárselo.
-¿Qué tal la tarde? ¿Te ha
cundido? –le preguntó él mateniendo la misma expresión serena falsa.
-La verdad es que sí, he
estudiado un par de temas a fondo, así que ya estoy más tranquila –le acarició
el pelo negro, echándole hacia atrás el flequillo que le caía en los ojos.
-Me alegro. ¿Qué hacemos?
¿Nos preparamos para ir a cenar? –lo dijo con los ojos cerrados, disfrutando
del tacto de las manos de Akane en su frente.
Ella le respondió que sí.
-Vale, pues vete a la ducha.
Yo tengo que hacer un par de llamadas, así que cuando termine me ducharé aquí
en el otro baño, no tardaré nada.
-Puedes ducharte en tu
propio cuarto de baño, que para eso es tuyo –le recordó ella.
-Prefiero que tú te duches
en el mío, en serio. Y ya puedes darte prisa, que seguro que acabo antes que tú
–sonrió pellizcándole la cadera.
-Eso ya lo veremos –le
desafió alegremente Akane levantándose.
Ambos fueron a lo suyo, Akane cogiendo sus cosas y
encerrándose en el dormitorio principal, y Ranma llamando a Keyko y Syuho para
avisarles de los cambios para el día siguiente antes de meterse en la ducha del
cuarto de baño que había al lado de la cocina. Cuarenta minutos más tarde, un
Ranma con una toalla atada a la cintura y el pelo ya trenzado tocaba la puerta
de su habitación con los nudillos.
-¿Akane, puedo pasar?
-¡Si! –respondió ella en
alto.
Ranma entro en el cuarto
buscándola con la mirada. La vio frente al espejo del cuarto de baño peinándose
el pelo. Se había puesto unos simples vaqueros con un top blanco y un cárdigan
negro encima. Apreció que la ropa le sentaba fenomenal, mirándola de arriba
abajo.
-Veo que me vas ganando –dijo dirigiéndose a su armario
sin prisas.
Akane asomó la cara y su semblante cambió
considerablente. No empezó a babear porque se mordió los labios a tiempo, pero
se quedó contemplándole concienzudamente durante un par de minutos, sin
importarle que él se diera cuenta. Apreció su torso desnudo, aún con algunas
gotas de agua deslizándose por los distintos músculos. Imaginó mentalmente que
la toalla caía al suelo, y su cuerpo entero subió de temperatura una grados ante sus pensamientos.
Ranma abrió las puertas de su armario despreocupadamente,
empezando a sacar las prendas de ropa que iba a ponerse. Cogió los boxers
primero, y por respeto a ella, se los puso por debajo de la toalla.
-¿Qué pasa, me estás tentado? –preguntó Akane saliendo
del cuarto de baño toda vestida y arreglada con el neceser y la ropa que había
llevado durante todo el día en las manos. Se sentó en la cama dejando todo a su
lado, sin dejar de adorarle con los ojos.
Ranma se giró para verla, tirando su propia toalla al
suelo ahora que ya llevaba los boxers puestos. Al darse cuenta de cómo le
examinaba, con una mezcla de interés, deseo, y ansia, sonrió satisfecho.
-Puede. No te viene mal después de lo que me has hecho
esta mañana.
Akane hizo morritos con los labios, recordando. Le vio
ponerse unos vaqueros y después desaparacer descalzo en el cuarto de baño,
donde le escuchó echarse desodorante, lavarse los dientes y ponerse colonia.
Akane, mientras tanto, guardaba sus cosas en su mochila.
Ranma volvió a salir, y tras coger un par de zapatos
informales de un rincón y calcetines, se sentó cerca de ella para ponérselos.
Seguía teniendo la parte superior desnuda, y Akane no hizo más que admirarle,
con demasiadas ganas de poner sus manos sobre aquella piel joven y vigorosa.
Con la espalda encorvada terminando de ponerse el segundo
zapato, Ranma se percató del rostro de Akane al erguirse, y le complació ver
que la turbaba igual que ella hacía con él. Una vez sentado de nuevo, la miró a
su derecha. Se estudiaron, devorándose con los ojos.
De
pronto, Ranma se tumbó sobre la cama, ofreciendose como si fuese un apetitoso
baquete. El rostro de Akane parecía más aturdido aún. Sin dejar de observarla,
y con una sonrisa en las comisuras, se dirigió a ella.
-¿A qué esperas, pequeña? Híncame el diente –la provocó
bromeando.
Ranma volvia a ser el de siempre, y eso alegró a Akane.
Sus mejillas ardieron de lo rojas que se habían puesto, pero no se amilanó. Con
la mano más cercana, acarició superficialmente la bragueta del vaquero,
haciendo que las caderas de Ranma se alzaran por la sorpresa del gesto. No lo
había esperado en absoluto.
-Diosss… -siseó divertido viendo que ella le había ganado
la partida.
-Tengo más auto control del que crees –le contestó Akane
poniénose en pie, con una sonrisa también en los labios.
Ranma se irguió de nuevo acariciándose la entrepierna,
que se había vuelto demasiado sensible.
-Espero tenerlo yo también –susurró poniéndose la camisa
y el cinturón.
Sus miradas siguieron encontrándose como las de dos
enamorados durante un par de minutos silenciosos, en los que sus ojos hablaban
más que sus bocas. Tampoco había mucho más que decir. De momento, les gustaba
poder jugar así, sin tener que esperar nada más a cambio, sólo la recompensa de
saber que se deseaban, que se atraían como dos imanes.
Una vez en la entrada, se pusieron las chaquetas, se
aseguraron de que llevaban encima lo indispensable, y cerraron la casa.
Mientras iban al coche, mencionaron la buena temperatura que hacía y se
preguntaron mutuamente acerca de a dónde querían ir para cenar. Se decantaron
por la comida local, así que Ranma condujo hasta un restaurante cercano que
conocía, donde preparaban muy buen pescado. Cenaron sin prisas, charlando,
riendo, disfrutando del tiempo juntos. Después del postre y de haber pagado a
medias, decidieron ir a dar un paseo.
No alejándose mucho del lugar donde estaba aparcado el
coche, caminaron por distintas calles, cogidos de la mano, abrazados, como
cualquier pareja normal y joven. Akane atesoraba esos pequeños momentos como si
no se fueran a repetir. Había pasado mucho tiempo, casi desde los años del
instituto, desde que habían hecho algo tan simple como andar juntos por la
ciudad. Se detuvieron un par de veces delante de unos escaparates, y unas veces
más delante de diferentes bares, decidiendo si querían entrar. Pasaron de
largo, siguiendo una avenida atestada de gente y de carteles iluminados en
miles de colores estridentes. Se alejaron un par de calles más hasta dar con un
pequeño jardín público, escondido entre los altos edificios. Un pequeño
estanque hacía las delicias de los viandantes, que se detenían a mirar el
reflejo de las luces sobre el agua o cruzaban el pequeño puente para llegar
hasta el otro lado.
Akane sintió que Ranma volvía a estar distraído, parecía
estar con la cabeza en otra parte. La escuchaba y hablaba con ella, pero en los
minutos muertos en los que no se decían nada, su mirada parecía perdida. Quería
preguntarle qué le pasaba, pero se frenaba, porque tampoco quería entrometerse
en su vida ni forzarle a que se lo contara. Cogiéndole de la mano y tirando de
él hacia el parque vagamente iluminado, lo llevó bajo un frondoso árbol en
penumbras que quedaba a escasos metros del agua del estanque.
-¿Por qué me traes hasta aquí? ¿Vas a meterme mano de
nuevo? –le preguntó socarrón dejándose guiar.
Akane sonrió sin decir nada quedando delante de él. Se acercó
lo suficiente y le abrazó por la cintura, poniendo sus manos en su espalda.
Ranma la reciprocó, rodeándola con su brazos,
evaporando el espacio que quedaba entre ellos.
-Ah, ya veo, me
vas a dar mi recompensa ¿a que sí? – la miró a la cara y la vio asentir. Ranma
empezó a bajar la cabeza para saborear su premio, pero unas manos en su pecho
le detuvieron.
-Uy, no, espera –dijo Akane de repente separándose de él,
como si se hubiera acordado de algo importante.
Ranma se quedó cortado, y con el ceño fruncido. ¿Acaso
esta mujer estaba jugando otra vez con él? La vio alejarse unos cinco o seis
metros, viendo su silueta hacerse más pequeña.
-Hey ¿a dónde vas? –le gritó viendo que ella le ignoraba
dando unos cuantos pasos más-. Siempre me haces lo mismo, Akane, me dejas con
la miel en los labios –sonó entre frustrado y desazonado, hasta que ella se dio
la vuelta y le encaró a esa distancia.
-¿Preparado? –le preguntó Akane sin esperar respuesta.
-¿Huh? –pronunció sin entender.
Akane empezó a correr en dirección a él y cuando estuvo
justo delante saltó con los brazos y las piernas abiertas. Ranma la cogió al
vuelo, dando un par de pasos hacia atrás por el impacto. Akane estaba
nuevamente entre sus brazos, abrazándole por el cuello y con sus piernas
rodeando su cintura; sus caras muy juntas en la oscuridad de la noche. Ranma la
sostenía con una mano en su trasero y el otro brazo amarrando la estrecha
espalda. Los dedos de Akane le empezaron a acariciar la nuca.
-¿Pero se puede saber qué…? –intentó hablar, confundido
como estaba, pero ella le interrumpió.
-Te dije que el beso estaría a la altura, y ahora estoy a tu altura –respondió Akane
comenzando a darle pequeños besitos en la mejilla y en la mandíbula.
Ranma se quedó callado, y después sonrió como un tonto.
-De verdad que eres de lo que no hay, marimacho –murmuró
entre el aliento y los labios de Akane, pero al oír la última palabra, su chica
le mordió con los dientes el labio interior, tirando de él hacia fuera.
-Hey –se quejó él lamiendo con su lengua la zona
lastimada.
-Cállate ya y disfruta –le ordenó Akane lanzándose de
lleno a besarle, sin barreras, ni inhibiciones, ni remordimientos.
Ranma gimió cuando la sintió dentro de su boca,
perforándole, avasallándole, conquistándole. Estaba tan alucinado por el cambio
de actitud en su novia, notando como su cuerpo despertaba al ardor que Akane
alimentaba en sus labios, que tardó un par de segundos en responder y paladear
lo que le estaba haciendo. Sus labios se frotaban como si no existiera el aire
y sus lenguas bailaban la una con la otra como si siguiesen el ritmo de un
tango argentino. Akane ladeaba la cabeza, buscando siempre un nuevo ángulo
desde el que atacar y empezar de nuevo a consumirle. Ranma se sentía como si
fuera a explotar, y sólo se estaban besando. No recordaba haber sucumbido tan
pronto y tan profundamente a un beso que de primeras esperaba como uno de menor
nivel e intesidad que aquel.
Separó los labios de ella de un tirón, dejándolos a ambos
con el deseo en la boca, los labios hinchados. Respiraban alterados,
acelerados, como si hubiesen corrido una maratón. Ella se acercó de nuevo y le
lamió el labio superior.
-¿Está siendo de tu gusto? ¿Está a la altura? –le
preguntó entrecortadamente Akane, que no dejaba de agobiarle con sus besos, de
acariciarle con una mano el cuello, y de jugar con la otra con la trenza.
-Joder, Akane –maldijo entre rápidas inhalaciones,
intentando estar atento a todo lo que ella le hacía–, un día de estos me vas a
matar, te lo juro.
Reacomodó de nuevo a Akane entre sus brazos, subiéndola
un poco más en su cuerpo. Ella sonrió sobre su sien.
-No te quejes, sé que esto es lo que querías.
-Y es lo que quiero, pero lo haces de una forma tan agresiva, me asaltas así… no sabes lo
que me haces.
Ranma
se movió de forma que quedó de rodillas sobre el suelo, todavía con ella en sus
brazos. Acabó sentado encima de la hierba del jardín, bajo la copa del árbol,
aún entre sombras, con Akane encima de él sobre su regazo. Sintió un gusto
tremendo al notar como su recién abultada entrepierna era de alguna forma
aliviada con la presión que la pelvis de Akane ejercía sobre ella.
-¿Por qué te sientas? Se suponía que iba a ser sólo un
beso –le dijo ella de forma teatral, apretando sus caderas más contra él,
sabiendo que era eso lo que necesitaba en aquel momento. Ella estaba en la
gloria.
-Eso es lo que tú te crees –habló él asiéndola por la
caderas y acomodándolas aún más hasta quedar frustrantemente satisfecho-. Ahora
vas a tener que aplacar el fuego que has encendido. Además, me quiero quedar
así contigo un rato más.
Akane rozó su nariz contra la de él, agradeciendo ese
último comentario.
-Bueno, voy a ver qué puedo hacer –le respondió retomando
sus labios.
Esta vez se besaron tranquilamente, sin avivar el calor,
sólo mateniéndo la hoguera llameando lentamente. En aquella postura, ya
conocida para ellos, pudieron abrazarse y acariciarse más fácilmente. Ranma
recorrió con sus manos la espina dorsal de ella sobre la ropa, llegando a veces
a palpar su trasero. Akane no se quedó atrás. Le besó con determinación,
queriendo que él disfrutara de lo que ella podía ofrecerle de momento, que
estaba siendo bastante. Cuando se separaban, le acariciaba la cara,
masajeándole las sienes y la nuca. Ranma ronroneaba como un gato grande,
besándola a ella en el cuello y sobre las clavículas.
-¿Me harías esto en casa? –le preguntó el joven sin
apartar los labios de su dulce piel.
-Sabes que no, al menos no por ahora –le contestó Akane
encongiendo la cabeza allí donde Ranma la mordía levemente, provocándole
placenteros escalofríos.
-Pero aquí fuera, sí –afirmó él empezando a entenderla.
-Sí, porque aquí fuera no llegaremos a nada, no
llegaremos hasta el final.
Ranma detuvo sus labios al oírla, y Akane sintió su
parada sin que dijera nada, pero él volió a besarla en el cuello sin vacilar,
arrastrando sus labios en sensuales caricias.
-Si quieres podemos parar –dijo de pronto Akane echándose
hacia atrás, poniéndose a la defensiva, anclando sus manos sobre sus hombros-.
No quiero incomodarte… -cambió sus palabras al notar el duro miembro entre sus
piernas-. Bueno, ya sé que estás incómodo ahora, pero lo que quiero decir es
que no tenemos porqué seguir si tú no puedes aguantarlo. No sé, tal vez esto
haya sido mala idea –agachó la cabeza un poco descorazonada, bajando sus manos
inquietas a sus propios muslos.
-Hey, mírame –le alzó la barbilla con un dedo-. ¿Acaso no
estoy aguantando ahora?
-Ya, pero… No quiero que pienses que estoy jugando
contigo, porque no es así. Quiero satisfacerte y a la vez quiero atender mis
necesidades. Para mí esto es suficiente por ahora, estar así contigo, sentada
encima de ti, besándote, abrazándote, acariciándote. Sentir que estas excitado,
que me deseas, pero sin que ello exija que estés dentro de mí. Lo necesitaré
antes de lo que piensas, pero por el momento, yo estoy bien así, sin llegar a
más –se lo explicaba con algo de timidez, mirándole a ratos y apartando los
ojos al segundo siguiente.
-Cariño, no te estoy exigiendo nada, sólo estaba
preguntando –habló Ranma queriendo reconfortarla. La besó tiernamente en la
frente.
-Lo sé, pero me tienes que avisar cuando no quieras que
siga, si es demasiado para ti. No quiero que te enfades conmigo –sonaba
angustiada, como si estuviera pisando un terreno peligroso y no supiera muy
bien cómo salir de ahí.
-No me voy a enfadar contigo. Ya sabes que te dije que
seguiríamos tu ritmo. Si quieres hacer esto, haremos esto, si quieres que
hagamos menos, haremos menos. Me adaptaré a ti, Akane –sus manos enmarcaron su
rostro, haciendo que le mirase-. ¿Vale?
Ella asintió. Ranma se acercó para besarla tiernamente.
-Gracias por la recompensa –susurró sobre sus labios de
buen humor-, ha estado definitivamente a la altura.
Akane sonrió, devolviéndole el beso, no separándose de
él.
Rompieron el beso poco a poco cuando escucharon como
sonaba el móvil de Ranma en el bolsillo de su chaqueta. Lo buscó con la mano, y
al sacarlo, vio que se trataba de Hwong de nuevo.
-Es Kiamara –informó a su chica-. Vaya, a lo mejor han
cancelado en entrenamiento –dijo antes de contestar.
Akane le sonrió esperando que así fuera, yendo después a
acaramelar su cuello en silencio. Ranma no puso objeciones, abrazándola con el
brazo que le quedaba libre.
-Dime Kia –respondió con energía-. ¿Buenas noticias esta
vez?
Su amigo y compañero de entrenamientos sonó demasiado
serio.
-No, Ranma. Jiro ha tenido una accidente de coche y está
en el hospital.
-¿Qué? –la cara de Ranma se transformó en segundos,
asimilando lo que le acababa de decir. Separó a Akane de sí, deteniéndola en
sus avances vampíricos, lo que hizo que ella le mirara extrañada.
-Me acabo de enterar ahora, me ha llamado el entrenador.
Por lo visto ha sido bastante grave –Hwong sonaba triste.
-Joder… -dijo Ranma con apenas un hilo de voz.
Akane se quedó estática, observando las facciones de Ranma,
esperando pacientemente.
-Toikiu me ha dicho que el entrenamiento de mañana se
cancela, ellos no se van a presentar. Pero me ha dejado entender que nosotros
podemos hacer lo que queramos, ya que el pabellón estará libre por si lo
queremos utilizar –le explicó Kiamara.
-Entiendo –Ranma no sabía qué más añadir, decir que se
había quedado sin palabras era poco.
-Yo de todos modos no voy a decir nada de esto a los
demás hasta mañana. Te llamo a tí porque eres el otro capitán del equipo y
porque creo que debes saberlo, pero prefiero tener a todo el grupo mañana para
contarles lo que ha pasado. Ya veremos qué hacemos para entrenamiento… ¿Te
parece bien? –le preguntó su compañero.
-Sí, claro –contestó Ranma-. ¿Cómo ha sido?
Kiamara le comprendió al momento.
-Pues no sé mucho. Lo que sí sé es que Jiro ha acabado en
urgencias. Toikiu me ha dicho que estará en contacto conmigo para mantenerme al
tanto, así que supongo que mañana tendré más información. Tal vez te llamen a
ti también, así que estate al loro.
-De acuerdo.
Hwong y Ranma no tardaron en despedirse y colgar. Akane
le miraba preocupada, sus ojos brillantes en la noche.
-¿Qué ha pasado, Ranma?
----------------------------------------------
Cassio: I’m back! ¡Estoy
de vuelta! Y no han pasado cuatro meses, increíble ;). Tuve inspiración el otro
día, y bueno, acabé el capítulo más rápido de lo que esperaba. Eso sí,
perdonadme si hay faltas de ortografía o alguna frase sin sentido, ya que lo he
revisado rápido y corriendo.
Como podéis ver le he dado un nuevo giro a la historia con el tema de Jiro,
porque me parecía un cabo suelto (en consecuencia, aún queda para el final del
fic, lo que supongo que os alegrará).¿Cómo se
enfrentarán Ranma y Akane a este hecho? No tengo ni idea, a ver qué me invento
para el próximo capítulo.
Sé que la mayoría esperáis un lemon con impaciencia, y sólo deciros que
acabará llegando, aunque tenéis que entender que tampoco merece la pena
forzarlo en la historia, porque no quedaría muy creíble.
En otras ocasiones me han preguntado acerca de los otros personajes, tales
como Ryoga, Xian-pu, Moose, etc. No creo que los incluya, porque bastante me
estoy alargando ya en la trama, como para meter personajes como estos de lleno.
Si eso para otro fanfic…
¡Espero que hayáis disfrutado del capítulo! Os veo en el siguiente.