Ya sabéis de sobra que esto no lo hago para sacar dinero ni nada por el estilo, es un entretenimiento. Los personajes y la historia de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.

 

UNA COSA LLEVO A LA OTRA…

 

Vigesimoprimero, los Imprevistos…

 

A la mañana siguiente, Akane fue quien se despertó primero. Abrió los ojos lentamente, parpadeando un par de veces, habituándose a la luz dorada que entraba por las ventanas de la habitación. Lo primero que vio fue la camiseta gris de Ranma. Los dos estaban tumbados de lado, cara a cara en el centro de la cama, ella cobijada entre sus brazos, con su cabeza apoyada a medias entre su hombro y su pecho. “Esto es una delicia”, pensó estrechándose un poquito más junto a él. Había dormido tremendamente bien a pesar de que se habían acostado a altas horas de la madrugada y a pesar de que estaba acostumbrada a dormir sola. Respiró feliz y sosegada, recreándose en lo bien que se sentía, sin hacer nada más.

Después de unos minutos en los que sólo se oía la respiración de Ranma, alzó la cabeza despacio unos centímetros para verle la cara y confirmar que seguía durmiendo profundamente. Tenía una expresión muy apaciguada y tranquila, alejada de la que solía mostrar cuando estaba despierto. No tenía ganas de moverse de allí, de dejar su cuerpo cálido, el confort de la posición, su respiración suave y parsimoniosa sobre su propio rostro. Pero la llamada de la naturaleza se hacía cada vez más insistente. De la forma más lenta que pudo, empezó a separarse de Ranma, quitándole los brazos de su cintura con delicadeza, intentando hacer el menor ruido.

          -¿A dónde te crees que vas? –dijo una voz ronca adormilada y apenas audible, que la volvió a retener entre sus brazos, acercándola de nuevo a él.

          Akane se acercó sin oponerse y se apoyó en un codo, acariciándole el pelo con la mano libre. Le vio abrir los ojos por unos segundos como las ranuras de una hucha, el azul líquido de sus irises brillante.

          -Perdona, no quería despertarte. Sólo voy al baño –respondió sin dejar de tocarle.

          Ranma enterró la cara en la almohada un segundo, para después aproximar su cabeza hacia ella.

          -¿Estás segura de que sólo vas al baño? La última vez desapareciste sin que me enterara, cuando vino Yuca a buscarte… -levantó una ceja desconfiado.

          -Muy segura –contestó ella sonriendo. Bajó la cabeza y le dio un beso en la frente-. Buenos días, dormilón. Ahora vuelvo -levantó la colcha y las sábanas para salir de la cama e ir al cuarto de baño.

Ranma se giró sobre el colchón, quedando de cara al techo. Se acomodó la almohada para tener la cabeza más alta. Después, para despejarse, se restregó las manos por la cara y estiró el cuerpo, empezando por los brazos y terminando por la espalda. Akane no tardó en salir, y Ranma la siguió con la mirada, observando cada uno de sus movimientos, cada parte de su cuerpo mientras se metía de nuevo en la cama con él. Se quedó sentada de lado frente a él. La vio mirar el reloj de la alarma que tenía sobre su mesita de noche.

          -Son sólo las once y media, pensaba que sería mucho más tarde.

          -Bueno, si hubiéramos estado haciendo otra cosa anoche, nos habríamos despertado muuuucho más tarde –respondió con una sonrisita socarrona aún medio dormido.

          -¿Cómo qué? ¿Hablar? –preguntó adrede Akane ignorando a lo que él realmente se refería. Le miró de reojo y sonrió al ver que hacía una mueca desaprobadora.

          -Sí, sobre todo hablar… –dijo más para sí mismo que para ella. Le miró sin discreción los pechos, los cuales se marcaban a través de la camiseta, sonriendo al final.

          -Descarado –maldijo infaltilmente Akane dándole la espalda y tapándose los senos. No vio la expresión de Ranma cuando se alejó de él. Decidió que tenían que ponerse en marcha si no querían perder más tiempo. Se volvió a levantar, dejando las sábanas rebujadas al pie de la cama.

          -¿No te habrás molestado por eso, no? –preguntó Ranma al cabo de unos segundos apoyándose sobre un codo al haber visto como Akane se alejaba de él. Ya no sabía cuándo decía o hacía de más, y cuando decía y hacía de menos. Ahora tenía que ser precavido y eso le incomodaba, porque no le dejaba ser del todo él mismo. No quería perderla, pero tampoco quería dejar de ser como era, porque no les favorecería.       

Akane se giró sorprendida con los ojos muy abiertos.

          -¿Qué? ¿Molestado? –dijo incrédula, mirando su camiseta-. ¿Por mirarme los pechos? No, por supuesto que no –le contestó con más énfasis confundida.

          Ranma estaba serio, y Akane se dio cuenta de que no parecía muy convencido.

          -Es que como te has vuelto así de repente tapándote y te has alejado… -su voz reflejaba indiferencia, pero sus ojos no.

          Akane puso las manos sobre sus caderas, con el ceño fruncido, mirándole detenidamente.

          -Me he levantado porque tenemos que ponernos las pilas. Ya es bastante tarde. Todavía tenemos que desayunar, y sobre todo, tenemos que ponernos a estudiar. Al menos yo –le explicó de buena manera, queriendo ahuyentar aquella expresión distante en su rostro.

          Se quedaron en silencio, observándose.

          -¿Qué pasa, Ranma? –preguntó ella preocupada acercándose a la cama. Se fue hasta su lado del colchón y se sentó a su lado. Ranma se volvió hacia ella-. ¿En qué estás pensando?

          Ranma la miró a los ojos por unos segundos, y después bajó la mirada.

          -Nada, es sólo que… desde que hemos vuelto juntos me siento como si tuviera que medir mis palabras y mis acciones contigo. No me importa hacerlo, porque tengo muy claro que lo que no quiero es perderte. Pero no sé, es como lo que ha pasado ahora, lo he hecho inocentementemente, y tu reacción me ha hecho pensar que te había molestado.

Las pupilas de Akane se abrieron al máximo al escuchar aquellas palabras saliendo de su boca.

-Ranma, ¿a qué viene esto? Yo no quiero que te contengas, ni en lo que

dices ni en lo que haces, y menos por mí –dijo compungida-. Quiero justo lo contrario. ¿Por qué lo haces? Yo no quiero que cambies tu forma de ser.

Ranma la interrumpió.

-Lo hago porque tengo miedo de que a la mínima que diga o haga algo que no te gusta, cojas la puerta y te largues. Crees que no sé que me podrías haber mandado a la mierda hace ya tiempo. No soy idiota, Akane, sé que aún estamos en terreno pantanoso en lo que a nuestra relación se refiere.

Aquella era una conversación demasiado seria para estar hablándola tan temprano, pensó ella. No le gustaba saber que Ranma la trataba de forma distinta para no disgustarla. Ella era la que le daba vueltas a todo hasta retorcerlo de una forma inexplicable, no él. 

-Ranma… -dijo apenada-. No quiero que te preocupes por eso, de verdad. Estoy aquí, a tu lado, y no me voy a ir a ninguna parte –con ambas manos cogió la suya, y se la apretó.

-No puedo evitarlo, y sé que es normal que me sienta así después de todo lo que ha pasado, es como que quiero estar seguro esta vez de lo que estoy haciendo bien.

-Y lo estás haciendo bien –se apresuró a afirmar ella.

Se volvieron a quedar en silencio, pensando.

-¿Esto no será porque te he pedido que vayamos más despacio, verdad?

-No, claro que no. No niego que me gustaría tocarte más, besarte más, hacer el amor contigo… Seguro que lo sabes. Pero aunque lo hiciéramos esta misma noche, no cambiaría la situación en la que estamos ahora. No aceleraría el proceso, quiero decir.

-Pienso lo mismo. Ranma, tenemos que darnos tiempo. No te niego que es como si estuvieramos empezando de nuevo, pero esta vez jugamos con ventaja, los dos. Comparado a las veces anteriores, sabemos qué tenemos que hacer. Por favor, no dejes de ser como eres por mí. Si haces algo que me molesta, te lo haré saber de alguna forma, o simplemente te lo diré. En eso habíamos quedado. Y lo mismo al revés, si yo hago algo que te molesta, me lo dices ¿vale? Comunicación, en eso se basará la mayor parte de nuestra relación.

Ranma asintió.

-Me gusta que hables conmigo, como ahora –agradeció ella-. Aunque no lo parezca, evita muchos malentendidos.

-Ya lo sé, por eso hago el esfuerzo –la sonrió, y Akane le devolvió la sonrisa agachándose para abrazarle. Enterró su cara en su cuello. Él le reciprocó el abrazo, apretujándola contra sí–. ¿Entonces me dejas mirarte los pechos?

Akane levantó la cara rápidamente, y le miró con reprobación.

-Eres único, chaval –le dijo poniéndose de pie-. Venga, vamos a ponernos en marcha, que si no esta tarde me pondré histérica. Tengo mucho que estudiar, y mucho que hacer.

-Levántate la camiseta –pidió Ranma con una sonrisa, volviendo a ser el de siempre.

Akane bufó, y supo que lo estaba haciendo aposta. Apoyó una rodilla en el amplio pecho de Ranma, cargando todo su peso sobre él, y le giró la cara sobre la almohada con una mano para que no pudiera mirarla. Le oyó quejarse al ver su plan de ataque.

-Sigue haciendo bromitas, grandullón, verás lo que te espera.

Ranma no tardó en contraatacar. Plantó sus dos manos en las caderas de Akane y buscó la camiseta para empezar a levantarla, a pesar de que tenía la cara apretujada en dirección contraria.

-Uhhh, ¿con que me amarras eh? Verás lo que te espera a ti como no te escapes.

En cuanto Akane vio que él estaba ganando la partida levantándole la camiseta que había usado para dormir, se separó de él a toda velocidad, apartando sus manos.

-¡Ranma! –exclamó por lo cerca que había estado de conseguir su objetivo. Se quedó de pie a un par de metros de la cama, respirando algo agitada, y le vio sonreírla con ferocidad y mucho más despierto que unos minutos atrás. Echó a correr unos pasos al fondo del cuarto.

-No es hora de jugar –le advirtió con el dedo sabiéndose a una prudente distancia de su acechador.

Ranma se levantó y gateó sobre la cama hasta el pie de la misma. Se quedó sentado de rodillas al ver que Akane estaba a punto de irse de la habitación, cogiendo el pomo de la puerta con la otra mano.

-Ven aquí, no te voy a hacer nada. Palabra –levantó las manos para enseñarle que prometía juego limpio.

-Ya, seguro –repuso ella sin acercarse ni un milímetro-. Bueno, para que veas que no soy tan cruel… -estiró su camiseta al máximo a la altura de sus pechos, y estos se marcaron con una vividez demasiado nítida para Ranma, que notó como una ola de calor le abrasaba la sangre que corría por sus venas. Le sonrió y desapareció sin más tras la puerta.

-¡Voy a desayunar! –la escuchó decir desde el pasillo.

Akane estaba pasando por el salón, cuando de pronto sintió unos pasos rápidos por detrás de ella. Se volvió y vio a Ranma corriendo hacia ella. Se asustó y empezó a correr también para escapar de él.

-¡No, Ranma, no! ¡Para! –le gritó. Pero no pudo dar más de seis pasos, porque la cogió por detrás y la pegó a su cuerpo. Estuvieron a punto de caer juntos al suelo. Akane empezó a reír estrepitosamente.

-Cazada –murmuró con agitación en su oído-. No sabes lo que te haría si las cosas fueran distintas –dijo con una voz profunda, llena de deseo y posesividad.

-Ya, pero no lo son –respondió sin apartarse.

-Tienes un morro, mira que torturarme así, provocarme con tus pechos…

-Eso no es nada, si de verdad quisiera provocarte te habrías corrido ya.

-¡Akane! –la pellizcó en la cadera provocando que ella la moviera al lado contrario-. No me digas eso que te como –añadió mordiéndole el cuello.

Akane logró zafarse de sus brazos y su cuerpo. Se quedó de frente a él a dos pasos de distancia.

-Pues tendrá que ser otro día –le contestó poniéndose bien la camiseta y dándole a entender que aunque le gustaba que jugaran así, aquel no era el momento-, que hoy tenemos mucho que hacer.

-De acuerdo señorita –asintió–, pero deje de provocarme o no seré responsable de mis actos de aquí en adelante.

-Hecho –respondió sonriendo-. Venga –le animó cogiéndole de la mano para llevarle a la cocina-, vamos a desayunar, que si no comemos nada no nos funcionarán las neuronas.

Ranma fue primero al servicio que había al lado de la cocina. Luego desayunó junto con Akane, ambos sentados frente al islote que había en el centro de la cocina.

Habían terminado de dejar los platos en el fregadero, cuando Akane le dijo que se iba a cambiar y a lavarse los dientes, para después ponerse directamente a estudiar.

-Akane… -dijo antes de verla desaparecer por la puerta.

-Dime –ella se dio la vuelta bajo el umbral de madera.

-El próximo mes hay una gala en mi universidad, que tiene que ver con el deporte. Me preguntaba si querrías venir conmigo, ser mi pareja.

Ranma se había quedado apoyado en los armarios inferiores de cara al interior de la cocina, con las manos sobre la encimera. 

Akane escuchó atenta.

-Claro, iré contigo. ¿Ibas a llevar a otra persona si no?

-No, no es obligatorio ir acompañado.

-Bien, por mi no hay problema. Si eso más tarde me cuentas los detalles ¿vale? Mira la hora que es y ni siquiera hemos empezado –se miró la hora en el reloj de muñeca que llevaba.

-Sí, sí, no hay problema.

Akane de empezó a girar para irse.

-Puedes usar mi escritorio en el cuarto del ordenador –le dijo él.

-¿Y tú? –preguntó ella con una mano en el umbral, asomando sólo la cabeza.

-Puedo estudiar en mi habitación, no te preocupes.

-Vale, gracias –le sonrió ella antes de desaparecer.

 

Estudiaron hasta pasadas las tres de la tarde. Ambos hicieron paradas de diez minutos cada hora para desconectar un poco y así volver a concentrarse de nuevo en sus asignaturas y sus trabajos.

Ranma volvió a cocinar para la comida. Akane le pidió que le dejara ayudarle, aunque fuera en las partes fáciles, por lo que Ranma le dejó hacer la preparación de los ingredientes. Comieron en el salón sentados sobre el sofá central, con un cuenco de arroz, verdura y carne en las manos frente a la televisión.

-¿Entonces de qué va esta gala que me has comentado esta mañana? –preguntó Akane llevándose la comida a la boca con los palillos.

-Cada año se escoge al mejor atleta de cada deporte y se celebra una especie de fiesta para conmemorarles. El año pasado me escogieron a mí, porque hice una temporada muy buena; encima después gané el campeonato. Este año han cogido a Kiamara en mi categoría, y no me extraña, porque el tío se está saliendo. Ha hecho unos combates increíbles, y ha sido además el que más ha puntuado en cada uno de ellos. Así que aunque yo no sea el elegido, aún me invitan porque fui el año pasado, igual que invitan a otros que han ido en años anteriores. De todos modos, no pueden seleccionar a la misma persona dos años seguidos, así que aunque hubieran querido cogerme a mí de nuevo –dijo sonriendo dándoselas de importante-, no habrían podido. Pero vamos, que el que más se lo merece este año es Kia con diferencia.

-¿Y puedes llevar a la gente que quieras?

-Sí. Familiares, amigos, parejas, a quien quieras en realidad, aunque hay que pagar por cada persona extra –cuando le vio la cara a su novia añadió rápido-, pero no te preocupes por el dinero, yo quiero que vengas y pagaré encantado.

-Puedo pagar mi parte, sabes, no soy pobre.

-Ya lo sé, pero te estoy invitando, así que no hace falta –comió otro bocado.

-Esta vez te dejo, pero ahora en serio, de aquí en adelante no quiero que te hagas a la idea de que vas a tener que pagármelo todo, porque no es así. Yo prefiero que hagamos las cosas a medias, tanto los restaurantes, las copas, la gasolina, no sé, lo que haga falta.

Ranma puso los ojos en blanco mostrando que no era necesario hablar del asunto, pero para hacerla feliz, la contestó.

-Akane, no le des tanta importancia, sé a donde quieres llegar. Podemos hacer las cosas a medias, pero si de vez en cuando te quiero invitar, me tienes que dejar.

-Estoy de acuerdo, siempre y cuando yo también pueda invitarte todas las veces que quiera y me dejes pagar.

-Está bien… -dijo rezongando, sabiendo que no iba a ganar aquella partida, ella era la más cabezota de los dos.

-¿Quién fue el año pasado contigo a la gala?

-Vinieron mi madre y… Ukyo –dijo el último nombre con un poco de esfuerzo. Aún sabiendo que lo hablado la noche anterior estaba aclarado, se daba cuenta de que Ukyo aparecía en muchos aspectos de su vida y de que eso había llevado a Akane a cuestionarse qué había realmente entre ellos dos.

-¿Y qué tal fue? ¿Os lo pasastéis bien?

Ranma respiró aliviado, viendo que Akane no ponía ninguna cara rara y que preguntaba sin ningún interés de trasfondo.

-Sí claro, te dan una buena cena en un lugar bastante bonito. Ya lo verás. Ah, y hay que ir de etiqueta, en plan formal. Yo lo más seguro es que alquile el esmoking, como el año pasado. Tú puedes hacer lo mismo con el vestido, que creo que sería lo mejor, porque tampoco es cuestión de dejarse el dinero. Como tú lo veas.

Ranma se acercó a la mesa a por su refresco y le dio un buche antes de volver a dejarlo sobre la superficie.

-¿Vestido? ¿Te refieres a uno de cóctel, largo? –quiso saber Akane masticando de nuevo.

Ranma asintió con la cabeza.

-No digo un vestido como los que llevan las estrellas en los Oscars, pero de ese estilo, para que te hagas una idea. En plan princesa. Al menos así es como se visten las demás chicas.

-¿En serio? –Akane pareció preocupada-. Kami-sama, voy a tener que revisar mi armario para ver si tengo algo decente, que lo más seguro es que no. Al final tendré que alquilar uno, porque tienes razón, comprarme un vestido así para ponérmelo sólo una vez no merece la pena.

-No te preocupes, conseguiremos uno. Podemos ir juntos si quieres.

-Ni hablar, no quiero que me veas con el vestido con el que voy a ir, si no, no te voy a impresionar.

Ranma dejó de comer y la miró fijamente.

-Akane, me impresionarás con cualquier cosa que te pongas, ya lo sabes. –Puso los palillos en el cuenco y con la mano libre le cogió un mechó de pelo y tiró de él para acercar sus caras-. Este me permito robártelo –la fue a besar en los labios.

-Ranma, espera… -dijo con la boca llena. Él le rozó los labios, pero ella se separó un poco-. Déjame tragar –alcanzó a decir con dificultad.

Ranma sonrió.

-Me da igual –quiso rozarle los labios de nuevo, pero sintió la mano de Akane en su cuello, frenándole. Esperaron.

-Ya –dijo ella nada más acabar relamiéndose los labios sin pensar.

Ranma la besó dulcemente por unos segundos, sacando la punta de la lengua

para lamer su labio superior mientras con los dedos acariciaba el mechó de pelo oscuro. Los labios de Akane eran tan suaves y mullidos; le costó separarse.

          -Siempre me gustas, te pongas lo que te pongas –afirmó él distanciándose.

-Gracias –contestó Akane un poco ruborizada relamiéndose los labios de nuevo inconscientemente. ¿Cuándo iba a dejar de comportarse como una adolescente cuando estaba con él?

A Ranma le gustó el gesto, así que hizo lo mismo con su lengua mirándola. Akane apretó los labios cuando le vio seducirla, aguantándose las ganas de lanzarse sobre él y devorarle. Le sorprendió la fuerza con que su cuerpo quería aproximarse a Ranma y hacerlo suyo. Agradecía que su cabeza ejerciera un poco más control sobre la situación, ya que su mente no se olvidaba tan fácilmente de todo por lo que habían pasado, y por lo que ella en particular había sufrido. Apartó la mirada hacia el televisor y se dedicó a comer lo que le quedaba de arroz y verduras.

Ranma percibió su alejamiento y aunque le dolió un poco que lo hubiera ignorado, pensó qu era mejor no darle importancia. Terminaron de comer veinte minutos más tarde. Llevaron las cosas a la cocina, donde Akane remojó los cuencos y los vasos antes de meterlos en el lavavajillas.

-Bueno, deberíamos seguir estudiando –dijo Akane secándose las manos en un paño.

-A mí no apetece nada –se quejó Ranma poniendo mala cara-. Además, no tengo tanto que estudiar, sino hacer trabajos, que son un verdadero coñazo.

-Venga Ranma, tenemos que hacer el esfuerzo. Míralo de esta forma, si lo haces hoy no lo tendrás que hacer mañana –habló como si fuese la sabiduría en persona.

-Yo lo veo justo al revés, tengo todo el día de mañana para hacerlo –sonrió cuando la vio fruncir las cejas.

Akane dio varios pasos hasta quedar delante de él. 

-Yo tampoco tengo muchas ganas de ponerme a ello, pero tengo que hacerlo. He terminado con mis deberes de estadística, pero aún me queda mirarme los temas del examen del martes –Akane se fijó en que eso no le convencía mucho-. Mira, podemos planear la tarde –se miró el reloj de pulsera-. Son las cuatro y media ahora. Podemos estudiar dos horas hasta las seis y media y descansar un poco, y luego estudiar otro poco.

-¡Que alguien me ayude! –Ranma miró al techo implorando algo al cielo-. ¡Estás loca! ¿Sabes tú cuanto estudio yo al día? Una hora, hora y media como mucho. Dos horas si voy muy justo, y ya hemos estado toda la mañana.

-No es para tanto. Luego me lo agradecerás –sonrió levemente sabiendo que tenía razón.

Ranma bufó con la boca. Akane se acercó más, hasta quedar casi pegada a él. Puso una mano en su abdomen, tirando un poco de su camiseta.

-Hazlo por mí –dijo ella suplicante, acariciándole con un dedo los pectorales-. Trabaja durante dos horas al menos, y si luego no puedes más, lo dejas ¿vale? –levantó la cabeza para mirarle, a medias seduciéndole a medias implorándole.

Ranma abrió la boca como si fuera a decir algo, pero la cerró. No era tonto, el acercamiento de ella había sido hecho con un propósito, hacerle ceder.

-¿Ranma?

-Sabes, eres muy mala, estás utilizando otras armas de ataque a las que sabes que me es muy difícil resistirme –puso sus manos en su cintura para que le entendiera-. ¿Me estás prometiendo algo a cambio? –alzó una ceja expectante, mirándola fijamente.

Akane sonrió bajando la vista.

-Puede. Todo con tal de que estudies y hagas algo.

-¿Tanto te importa? –preguntó él con interés.

Akane levantó la cabeza para verle la cara de nuevo.

-Claro que sí, quiero que apruebes todas. Aunque también he de confesar que no me agrada la idea de tener que estudiar sola, sabiendo que tú puedes hacer lo que quieras. Mi lado egoísta, que no puede evitar salir a flote –bajó la cabeza y apoyó su frente en el pecho de él.

-Ya veo… -le acarició la cintura con las manos-. Quieres que pringuemos los dos ¿eh?

-Sí, más o menos –la sonrisa le llegó a los ojos cuando le volvió a mirar.

-Vaaale, estudiaré –respondió cediendo-. De verdad que no sé cómo lo haces. ¿No te harta estar aquí metida todo el día estudiando?

-Bueno, ya lo que dices, si quieres esta noche podemos salir por ahí a cenar. ¿Qué dices?

-Suena bien, me apunto –Ranma terminó abrazándola del todo por la cintura y la espalda.

Akane apoyó sus manos en sus hombros, palpándolos con gusto. Estaban muy juntos.

-Ahora te estás aprovechando… -se quejó sonriendo ella viendo como la había llevado a su propio terreno.

-Has empezado tú. Tendrías que haber previsto las consecuencias.

Akane se mordió el labio inferior. No le importaba no haberlas previsto.

-¿Qué me ibas a prometer? –Ranma bajó su cabeza buscando sus labios.

Akane actuó como si esperara el beso, pero en el último momento se alejó, dejándole a él con las ganas. Le puso un dedo en la boca y le detuvo con una sonrisa sensual.

-Un beso.

-¿Qué tipo de beso?

-Uno que sé que te va a gustar, así que no preguntes más.

-Si me lo das ahora, me pongo a estudiar directamente –bajó de nuevo la cabeza con la intención de besarla.

-Ah, no –se echó hacia atrás-. Primero haces tu parte, y después yo hago la mía. Esta noche si eso.

Ranma respiró profundamente y la miró como un tigre hambriento al que le habían arrebatado la comida de golpe.

La soltó sin decir nada poniendo las manos en alto y dando un par de pasos hacia atrás.

-Más te vale que el beso esté a la altura –dijo con una voz profunda mirándola con fuego en los ojos.

-Lo estará –afirmó ella antes de verle salir de la cocina.

 

Estudiaron hasta las seis y media, tal y como habían quedado. Se tomaron un descanso de media hora, tomando un tentempié en la cocina y después charlando un rato en el salón. Ranma dijo que había tenido bastante por un día, que sus neuronas estaban fritas y que ya no se podía concentrar más aunque se obligara. Le recordó a su novia que había cumplido con su parte, y que por tanto, él podía dejar de estudiar. Akane le dio el visto bueno sacándole la lengua. Volvió al escritorio de Ranma para estudiar una hora más. Ranma cogió el portátil de su dormitorio y se lo llevó al salón. Encendió la televisión, y mientras escuchaba un programa de actualiadad, miró su correo electrónico y navegó por Internet.

 

Media hora más tarde, el móvil de Ranma empezó a sonar sobre la mesa del salón. Con rapidez lo cogió y miró de quién prodecía la llamada, “Kiamara”.

-Hey Kia ¿qué tal? –contestó después de darle a la tecla de ‘aceptar’.

-Hola Sao. Pues bueno, bien, aunque tengo malas noticias.

Ranma se puso serio de golpe. Puso el portátil sobre la mesa y cogió el mando a distancia para bajar el volumen de la tele.

-¿Qué ha pasado? –se sentó mejor en el sofá, bajando los pies al suelo.

-Me acaba de llamar Feng y me ha dicho que tenemos entrenamiento mañana –dijo el compañero con un tono de voz que denotaba que a él tampoco le había sentado muy bien.

-No jodas tío, venga ya. Pero si se suponía que teníamos el fin de semana libre -contestó Ranma molesto.

-Ya, eso mismo pensaba yo, pero se ve que han dejado nuestro pabellón libre por unas horas mañana por la mañana y Toikiu quiere que las aprovechemos, para variar.

-Como se pasan, y encima nos avisan casi sin tiempo. Ya les vale -la voz de Ranma sonaba irritada. Por un fin de semana que Akane venía a su casa a dormir y a estar con él, van y se lo estropean todo-. ¿A qué hora tenemos que estar allí? –preguntó resignado.

-Empezamos sobre las once y terminaremos sobre la una, quizás un poco antes. Eso es lo que me ha dicho Feng.

-Mierda… -se pasó la otra mano por el pelo repetidas veces.

-Bueno, míralo por el lado bueno –intervino Hwong queriendo animarle-, sólo serán dos horas como mucho. Sabes que nos podrían tener tres horas y media si pudieran, como han hecho otras veces.

-Ya, son unos explotadores –dijo Ranma casi maldiciendo-. ¿Vamos todos o sólo nuestro grupo?

-Sólo nuestro grupo. Por algo somos los que más resultados damos, porque somos los que más entrenamos –le indicó su amigo.

-Genial, encima los vamos a tener encima todo el tiempo. En fin, ¿tengo que avisar a alguien? –inquirió Ranma para echarle una mano.

-Si puedes avisar a Keyko y a Syuho, me vendría bien.

-Vale, no hay problema –respondió Ranma sin reparo.

-Khorei, Lei y los demás están todos avisados, sólo me queda hablar con Jiro, que no me coge el teléfono. ¿Quieres llamarle tú? –dijo intencionadamente burlón.

-Ja Ja –rió sacástico el de la trenza- ¡Qué gracioso! Por mí como si no viene –pronunció bastante seco.

-Algún día os tendréis que reconciliar –el tono de voz de Hwong tenía un matiz de esperanza, ya que sabía lo importante que había sido para Jiro tener a Ranma a su lado esos últimos años.

Hwong Kiamara siempre intentaba ver el lado bueno de las cosas, virtud que intentaba inculcar a sus compañeros; pero para Ranma había situaciones y personas a las que le costaba mucho ver el lado positivo.

-No lo creo. Después de todo lo que he hecho por él y así es como me lo paga, ¿haciéndole daño a mi novia? ¿intentando meterla mano?

-Si tienes razón, Sao, pero… -Kiamara quería explicarse, pero Ranma le interrumpió.

-Mira que le he dicho millones de veces que no vaya detrás de las chicas de los demás. Pues no, Jiro hace lo que le da maldita gana, y así me ha ido. Tendría que haberle mandado a la mierda hace tiempo, cuando puteaba a otros y yo hacía la vista gorda –se iba alterando más y más según se calentaba solo-. No le voy a perdonar en la vida –escupió con rabia-. Además, que ya ni me importa, estamos a punto de acabar con todo, la uni, el equipo, así que no creo que tenga que volver a verle nunca más.

-Bueno, Sao, cálmate ¿vale? –le dijo Kiamara viendo que el tema todavía le afectaba bastante, aunque luego Ranma lo quisiera negar-. ¿Acaso no ha vuelto Akane contigo? ¿Acaso no te ha perdonado ella después de lo que tú le hiciste?

Ranma se quedó en silencio unos segundos, pero no dejó que las palabras de su amigo le hicieran cambiar de opinión.

-Tío, tienes que estar de broma, no puedes comparar…

-Ranma –dijo llamándole por su nombre, cosa que raramente hacía–no quiero excusar lo que hizo Jiro, porque yo habría reaccionado de la misma manera, y sé que sigues muy enfadado por lo que pasó, pero esta situación no te ayuda, ni a ti, ni a Jiro, ni al equipo. Tenéis que dejarlo atrás. Ahora actúas como si te diera igual, y dices que no te importa, pero yo sé que no es así. Eres de los pocos amigos de verdad que Jiro ha tenido nunca, y para él has sido siempre casi como un hermano. Ya sabes el tipo de infacia que tuvo… -dejó la última frase en el aire, sabiendo que no era necesario añadir nada más.

-Yo tampoco tuve una infancia fácil, Hwong –murmuró Ranma, aunque Kiamara hizo como si no le hubiera escuchado.

-Has sido una buena influencia para él, tío, y eso él lo sabe. Pero desde que os habéis peleado, Jiro se está desmadrando cara vez más, se está saliendo fuera de control. El fin de semana pasado volvió a meterse en una pelea, la policía estuvo a punto de detenerle. Si no llega a estar Khorei allí… -Kiamara se calló.

-¿Y qué quieres que haga yo? –le preguntó Ranma más brusco de lo normal, alzando la voz-. No soy su padre, ni su entrenador ni nada.

-Hey, tranquilo, ya lo sé, pero eras su amigo y siempre te ha escuchado  más a ti que a los demás –intentó explicarle Kiamara.

Ranma se quedó en silencio un par de segundos, tiempo que Hwong aprovechó para continuar.

-El otro día estuve pensando, ¿sabes como a Jiro no le gusta que nos echemos novia? Se queja de que luego apenas salimos con los amigos, de que nos olvidamos de ellos, de él –enfatizó la dos últimas palabras.

-Eso es mentira –replicó Ranma-. Yo no me olvido de mis amigos, siempre me ha tenido ahí cuando me ha necesitado. Keyko y Syuho, o tú mismamente, no me echáis la bronca si paso menos tiempo con vosotros porque me haya echado novia o por lo que sea. Joder, pero si os veo el careto TODOS los días en los entrenamientos. Sería una gilipollez que Jiro actuara así sólo por eso.

-Sabes que Jiro no es como nosotros, que aunque aparente que está bien y que todo le va todo genial, en realidad se siente tremendamente solo y que es posesivo no sólo con sus cosas, sino con sus amistades. No es la primera vez que hablamos de ello.

-Ya… -era lo único que Ranma podía decir, porque ahí Kiamara tenía razón.

-Además, no me negarás que cuando se tiene novia, el tiempo con los amigos se reduce, sobre todo al principio, cuando no quieres estar más que con ella ¿o no?

-¿A dónde quieres llegar? –preguntó Ranma sabiendo cual era la respuesta.

-Tal vez a Jiro no le haya hecho gracia que, precisamente tú, uno de sus colegas, se haya echado novia.

-He tenido novias otras veces y Jiro nunca se ha comportado así, al menos con ellas.

-Bueno, no conozco a Akane –dijo Kiamara-, pero por lo que he escuchado en el vestuario es una mujer que quita el hipo, y ya sabemos como es Jiro con las mujeres. –Esperó un momento y después siguió-: No lo sé, tío, sólo son hipótesis, seguramente me esté equivocando. Lo cierto es que tú conoces a Jiro mejor que yo.

Aquellas palabras dejaron a Ranma pensativo. Alzó los ojos de la mesa del salón, y vio que Akane se encontraba en la entrada  del pasillo, observándole inquieta. La saludó con la mano y la dijo de acercarse.

-Kia, te tengo que dejar. Hablamos mañana ¿de acuerdo?

-Ok, pero piensa en lo que te he dicho ¿vale?

-Ya veremos –dijo de una forma que reflejaba que no estaba muy por la labor.

-Te veo mañana por la mañana fresco y lozano como una rosa ¿eh? –bromeó Hwong despidiéndose.

Ranma sonrió por fin después de varios minutos.

-Ya te gustaría. Venga, nos vemos.

Colgó y se quedó mirando el móvil por unos segundos. Tenía cero ganas de entrenar mañana, y menos ganas aún de plantearse qué iba a hacer con el tema de Jiro. Akane se había acercado hasta el sofá y se había sentado a su lado.

-¿Ha pasado algo? Te he escuchado alzando la voz –preguntó intrigada.

Ranma volvió la cara para mirarla, intentando aparentar normalidad.

-Nada, que mañana al final tenemos entrenamiento por la mañana. Kiamara me acaba de llamar para decírmelo.

-Oh no… Vaya, qué faena –respondió poniendo mala cara. Tampoco le habría sentado muy bien si se lo hubieran hecho a ella.

-Jo, lo siento –se disculpó Ranma-. Pensaba que iba a tener todo el fin de semana para nosotros, pero el pabellón ha quedado libre, y como no, los entrenadores quieren que aprovechemos las dos horas que nos dan.

-No te preocupes por mí –dijo Akane pasando un brazo por su espalda, abrazándole, arrimándose a él-. Además, no es por tu culpa. No pasa nada, esta noche me puedes dejar en casa después de la cena, así puedes organizarte el día de mañana mejor.

La cara de Ranma se tensó ante ese comentario.

-¿Quieres irte a casa? –esperaba que ella no notara que aquellas palabras le habían herido.

Akane le miró como si fuera un alien.

-Por supuesto que no –dijo con más ímpetu del necesario-. Pero tampoco quiero ser un estorbo, y es tu casa.

-¿Y qué?

Akane se calló, sabiendo que había llegado a un callejón sin salida.

-Bueno, está bien, entonces me quedo –negó con la cabeza un par de veces sin separarse de él-. No sé si te importa que me quede sola aquí –señaló el chalet con la otra mano.

-¿Vas a hacer algo de lo que deba procuparme? –la miró con una ceja alzada.

-No, pero no sé… - no supo como continuar, y agachó la cabeza.

          Ranma la abrazó por los hombros y la acercó más hacia sí. Apoyó su espalda sobre el respaldo del sofá, trayéndola a ella consigo.

          -Akane, confío en ti, y quiero que te quedes. No eres un estorbo, ni en broma. Quédate –era más una orden que un pedido.

          -Vale, vale –respondió rápido sonriendo tímidamente.

          Ranma la besó en la cabeza, y después sonrió a su pesar.

          -Mira por donde, vas a tener lo que necesitas. Mientras yo esté fuera mañana, puedes aprovechar para estudiar. Tendrás toda la mañana para ti sola.

          -Sí, es verdad –Akane asintió-, me vendrá muy bien. -Se elevó poniéndose de rodillas en el sofá, para luego sentarse a horcajadas encima de él-. Pero no creas ni por un segundo que no te echaré de menos.

          Ranma sonrió complacido, aceptando de buena gana la nueva postura de Akane. Puso sus manos en su cintura.

          -Es bueno saberlo, porque de lo que menos ganas tengo es de alejarme de ti –contestó mirándola.

          A Akane se le iluminaron los ojos. Tenía las manos puestas en los hombros de él, y no dejaba de mirale, estudiándole detenidamente. Le acarició las cervicales al mismo tiempo que acercaba su cara para darle un beso en la nariz.

Puede que ambos se estuviran sonriendo, y de que hubiera un buen feeling entre ellos, pero Akane se había dado cuenta del cambio de humor en Ranma. Sabía que la llamada telefónica tenía algo que ver. Le notaba distante y ausente, y apenas había respondido al cambio de postura que ella había hecho. Sí, le gustaba que ella se hubiera sentado encima de él, pero no lo demostraba. Conociéndole, lo normal habría sido que hubiera dicho algo al respecto, que la hubiera besado o acariciado con sus manos, pero no había hecho completamente nada, salvo poner sus manos primero en su cintura, y después en sus caderas. A Ranma le pasaba algo, y le dolía que no fuera capaz  de contárselo. 

          -¿Qué tal la tarde? ¿Te ha cundido? –le preguntó él mateniendo la misma expresión serena falsa.

          -La verdad es que sí, he estudiado un par de temas a fondo, así que ya estoy más tranquila –le acarició el pelo negro, echándole hacia atrás el flequillo que le caía en los ojos.

          -Me alegro. ¿Qué hacemos? ¿Nos preparamos para ir a cenar? –lo dijo con los ojos cerrados, disfrutando del tacto de las manos de Akane en su frente.

          Ella le respondió que sí.

          -Vale, pues vete a la ducha. Yo tengo que hacer un par de llamadas, así que cuando termine me ducharé aquí en el otro baño, no tardaré nada.

          -Puedes ducharte en tu propio cuarto de baño, que para eso es tuyo –le recordó ella.

          -Prefiero que tú te duches en el mío, en serio. Y ya puedes darte prisa, que seguro que acabo antes que tú –sonrió pellizcándole la cadera.

          -Eso ya lo veremos –le desafió alegremente Akane levantándose. 

 

Ambos fueron a lo suyo, Akane cogiendo sus cosas y encerrándose en el dormitorio principal, y Ranma llamando a Keyko y Syuho para avisarles de los cambios para el día siguiente antes de meterse en la ducha del cuarto de baño que había al lado de la cocina. Cuarenta minutos más tarde, un Ranma con una toalla atada a la cintura y el pelo ya trenzado tocaba la puerta de su habitación con los nudillos.

          -¿Akane, puedo pasar?

          -¡Si! –respondió ella en alto.

          Ranma entro en el cuarto buscándola con la mirada. La vio frente al espejo del cuarto de baño peinándose el pelo. Se había puesto unos simples vaqueros con un top blanco y un cárdigan negro encima. Apreció que la ropa le sentaba fenomenal, mirándola de arriba abajo.

-Veo que me vas ganando –dijo dirigiéndose a su armario sin prisas.

Akane asomó la cara y su semblante cambió considerablente. No empezó a babear porque se mordió los labios a tiempo, pero se quedó contemplándole concienzudamente durante un par de minutos, sin importarle que él se diera cuenta. Apreció su torso desnudo, aún con algunas gotas de agua deslizándose por los distintos músculos. Imaginó mentalmente que la toalla caía al suelo, y su cuerpo entero subió de temperatura una grados ante sus pensamientos. 

Ranma abrió las puertas de su armario despreocupadamente, empezando a sacar las prendas de ropa que iba a ponerse. Cogió los boxers primero, y por respeto a ella, se los puso por debajo de la toalla.

-¿Qué pasa, me estás tentado? –preguntó Akane saliendo del cuarto de baño toda vestida y arreglada con el neceser y la ropa que había llevado durante todo el día en las manos. Se sentó en la cama dejando todo a su lado, sin dejar de adorarle con los ojos.

Ranma se giró para verla, tirando su propia toalla al suelo ahora que ya llevaba los boxers puestos. Al darse cuenta de cómo le examinaba, con una mezcla de interés, deseo, y ansia, sonrió satisfecho.

-Puede. No te viene mal después de lo que me has hecho esta mañana.

Akane hizo morritos con los labios, recordando. Le vio ponerse unos vaqueros y después desaparacer descalzo en el cuarto de baño, donde le escuchó echarse desodorante, lavarse los dientes y ponerse colonia. Akane, mientras tanto, guardaba sus cosas en su mochila.

Ranma volvió a salir, y tras coger un par de zapatos informales de un rincón y calcetines, se sentó cerca de ella para ponérselos. Seguía teniendo la parte superior desnuda, y Akane no hizo más que admirarle, con demasiadas ganas de poner sus manos sobre aquella piel joven y vigorosa.

Con la espalda encorvada terminando de ponerse el segundo zapato, Ranma se percató del rostro de Akane al erguirse, y le complació ver que la turbaba igual que ella hacía con él. Una vez sentado de nuevo, la miró a su derecha. Se estudiaron, devorándose con los ojos.

De pronto, Ranma se tumbó sobre la cama, ofreciendose como si fuese un apetitoso baquete. El rostro de Akane parecía más aturdido aún. Sin dejar de observarla, y con una sonrisa en las comisuras, se dirigió a ella.

-¿A qué esperas, pequeña? Híncame el diente –la provocó bromeando.

Ranma volvia a ser el de siempre, y eso alegró a Akane. Sus mejillas ardieron de lo rojas que se habían puesto, pero no se amilanó. Con la mano más cercana, acarició superficialmente la bragueta del vaquero, haciendo que las caderas de Ranma se alzaran por la sorpresa del gesto. No lo había esperado en absoluto.

-Diosss… -siseó divertido viendo que ella le había ganado la partida.

-Tengo más auto control del que crees –le contestó Akane poniénose en pie, con una sonrisa también en los labios.

Ranma se irguió de nuevo acariciándose la entrepierna, que se había vuelto demasiado sensible. 

-Espero tenerlo yo también –susurró poniéndose la camisa y el cinturón.

Sus miradas siguieron encontrándose como las de dos enamorados durante un par de minutos silenciosos, en los que sus ojos hablaban más que sus bocas. Tampoco había mucho más que decir. De momento, les gustaba poder jugar así, sin tener que esperar nada más a cambio, sólo la recompensa de saber que se deseaban, que se atraían como dos imanes. 

Una vez en la entrada, se pusieron las chaquetas, se aseguraron de que llevaban encima lo indispensable, y cerraron la casa. Mientras iban al coche, mencionaron la buena temperatura que hacía y se preguntaron mutuamente acerca de a dónde querían ir para cenar. Se decantaron por la comida local, así que Ranma condujo hasta un restaurante cercano que conocía, donde preparaban muy buen pescado. Cenaron sin prisas, charlando, riendo, disfrutando del tiempo juntos. Después del postre y de haber pagado a medias, decidieron ir a dar un paseo.

No alejándose mucho del lugar donde estaba aparcado el coche, caminaron por distintas calles, cogidos de la mano, abrazados, como cualquier pareja normal y joven. Akane atesoraba esos pequeños momentos como si no se fueran a repetir. Había pasado mucho tiempo, casi desde los años del instituto, desde que habían hecho algo tan simple como andar juntos por la ciudad. Se detuvieron un par de veces delante de unos escaparates, y unas veces más delante de diferentes bares, decidiendo si querían entrar. Pasaron de largo, siguiendo una avenida atestada de gente y de carteles iluminados en miles de colores estridentes. Se alejaron un par de calles más hasta dar con un pequeño jardín público, escondido entre los altos edificios. Un pequeño estanque hacía las delicias de los viandantes, que se detenían a mirar el reflejo de las luces sobre el agua o cruzaban el pequeño puente para llegar hasta el otro lado.

Akane sintió que Ranma volvía a estar distraído, parecía estar con la cabeza en otra parte. La escuchaba y hablaba con ella, pero en los minutos muertos en los que no se decían nada, su mirada parecía perdida. Quería preguntarle qué le pasaba, pero se frenaba, porque tampoco quería entrometerse en su vida ni forzarle a que se lo contara. Cogiéndole de la mano y tirando de él hacia el parque vagamente iluminado, lo llevó bajo un frondoso árbol en penumbras que quedaba a escasos metros del agua del estanque.

-¿Por qué me traes hasta aquí? ¿Vas a meterme mano de nuevo? –le preguntó socarrón dejándose guiar.

Akane sonrió sin decir nada quedando delante de él. Se acercó lo suficiente y le abrazó por la cintura, poniendo sus manos en su espalda. Ranma la reciprocó, rodeándola con su brazos, evaporando el espacio que quedaba entre ellos.

  -Ah, ya veo, me vas a dar mi recompensa ¿a que sí? – la miró a la cara y la vio asentir. Ranma empezó a bajar la cabeza para saborear su premio, pero unas manos en su pecho le detuvieron.

-Uy, no, espera –dijo Akane de repente separándose de él, como si se hubiera acordado de algo importante.

Ranma se quedó cortado, y con el ceño fruncido. ¿Acaso esta mujer estaba jugando otra vez con él? La vio alejarse unos cinco o seis metros, viendo su silueta hacerse más pequeña.

-Hey ¿a dónde vas? –le gritó viendo que ella le ignoraba dando unos cuantos pasos más-. Siempre me haces lo mismo, Akane, me dejas con la miel en los labios –sonó entre frustrado y desazonado, hasta que ella se dio la vuelta y le encaró a esa distancia.

-¿Preparado? –le preguntó Akane sin esperar respuesta.

-¿Huh? –pronunció sin entender.

Akane empezó a correr en dirección a él y cuando estuvo justo delante saltó con los brazos y las piernas abiertas. Ranma la cogió al vuelo, dando un par de pasos hacia atrás por el impacto. Akane estaba nuevamente entre sus brazos, abrazándole por el cuello y con sus piernas rodeando su cintura; sus caras muy juntas en la oscuridad de la noche. Ranma la sostenía con una mano en su trasero y el otro brazo amarrando la estrecha espalda. Los dedos de Akane le empezaron a acariciar la nuca.

-¿Pero se puede saber qué…? –intentó hablar, confundido como estaba, pero ella le interrumpió.

-Te dije que el beso estaría a la altura, y ahora estoy a tu altura –respondió Akane comenzando a darle pequeños besitos en la mejilla y en la mandíbula.

Ranma se quedó callado, y después sonrió como un tonto.

-De verdad que eres de lo que no hay, marimacho –murmuró entre el aliento y los labios de Akane, pero al oír la última palabra, su chica le mordió con los dientes el labio interior, tirando de él hacia fuera.

-Hey –se quejó él lamiendo con su lengua la zona lastimada.

-Cállate ya y disfruta –le ordenó Akane lanzándose de lleno a besarle, sin barreras, ni inhibiciones, ni remordimientos.

Ranma gimió cuando la sintió dentro de su boca, perforándole, avasallándole, conquistándole. Estaba tan alucinado por el cambio de actitud en su novia, notando como su cuerpo despertaba al ardor que Akane alimentaba en sus labios, que tardó un par de segundos en responder y paladear lo que le estaba haciendo. Sus labios se frotaban como si no existiera el aire y sus lenguas bailaban la una con la otra como si siguiesen el ritmo de un tango argentino. Akane ladeaba la cabeza, buscando siempre un nuevo ángulo desde el que atacar y empezar de nuevo a consumirle. Ranma se sentía como si fuera a explotar, y sólo se estaban besando. No recordaba haber sucumbido tan pronto y tan profundamente a un beso que de primeras esperaba como uno de menor nivel e intesidad que aquel.

Separó los labios de ella de un tirón, dejándolos a ambos con el deseo en la boca, los labios hinchados. Respiraban alterados, acelerados, como si hubiesen corrido una maratón. Ella se acercó de nuevo y le lamió el labio superior.

-¿Está siendo de tu gusto? ¿Está a la altura? –le preguntó entrecortadamente Akane, que no dejaba de agobiarle con sus besos, de acariciarle con una mano el cuello, y de jugar con la otra con la trenza.

-Joder, Akane –maldijo entre rápidas inhalaciones, intentando estar atento a todo lo que ella le hacía–, un día de estos me vas a matar, te lo juro.

Reacomodó de nuevo a Akane entre sus brazos, subiéndola un poco más en su cuerpo. Ella sonrió sobre su sien.

-No te quejes, sé que esto es lo que querías.

-Y es lo que quiero, pero lo haces de una forma tan agresiva, me asaltas así… no sabes lo que me haces.

Ranma se movió de forma que quedó de rodillas sobre el suelo, todavía con ella en sus brazos. Acabó sentado encima de la hierba del jardín, bajo la copa del árbol, aún entre sombras, con Akane encima de él sobre su regazo. Sintió un gusto tremendo al notar como su recién abultada entrepierna era de alguna forma aliviada con la presión que la pelvis de Akane ejercía sobre ella.

-¿Por qué te sientas? Se suponía que iba a ser sólo un beso –le dijo ella de forma teatral, apretando sus caderas más contra él, sabiendo que era eso lo que necesitaba en aquel momento. Ella estaba en la gloria.

-Eso es lo que tú te crees –habló él asiéndola por la caderas y acomodándolas aún más hasta quedar frustrantemente satisfecho-. Ahora vas a tener que aplacar el fuego que has encendido. Además, me quiero quedar así contigo un rato más.

Akane rozó su nariz contra la de él, agradeciendo ese último comentario.

-Bueno, voy a ver qué puedo hacer –le respondió retomando sus labios.

Esta vez se besaron tranquilamente, sin avivar el calor, sólo mateniéndo la hoguera llameando lentamente. En aquella postura, ya conocida para ellos, pudieron abrazarse y acariciarse más fácilmente. Ranma recorrió con sus manos la espina dorsal de ella sobre la ropa, llegando a veces a palpar su trasero. Akane no se quedó atrás. Le besó con determinación, queriendo que él disfrutara de lo que ella podía ofrecerle de momento, que estaba siendo bastante. Cuando se separaban, le acariciaba la cara, masajeándole las sienes y la nuca. Ranma ronroneaba como un gato grande, besándola a ella en el cuello y sobre las clavículas.

-¿Me harías esto en casa? –le preguntó el joven sin apartar los labios de su dulce piel.

-Sabes que no, al menos no por ahora –le contestó Akane encongiendo la cabeza allí donde Ranma la mordía levemente, provocándole placenteros escalofríos.

-Pero aquí fuera, sí –afirmó él empezando a entenderla.

-Sí, porque aquí fuera no llegaremos a nada, no llegaremos hasta el final.

Ranma detuvo sus labios al oírla, y Akane sintió su parada sin que dijera nada, pero él volió a besarla en el cuello sin vacilar, arrastrando sus labios en sensuales caricias.

-Si quieres podemos parar –dijo de pronto Akane echándose hacia atrás, poniéndose a la defensiva, anclando sus manos sobre sus hombros-. No quiero incomodarte… -cambió sus palabras al notar el duro miembro entre sus piernas-. Bueno, ya sé que estás incómodo ahora, pero lo que quiero decir es que no tenemos porqué seguir si tú no puedes aguantarlo. No sé, tal vez esto haya sido mala idea –agachó la cabeza un poco descorazonada, bajando sus manos inquietas a sus propios muslos.

-Hey, mírame –le alzó la barbilla con un dedo-. ¿Acaso no estoy aguantando ahora?

-Ya, pero… No quiero que pienses que estoy jugando contigo, porque no es así. Quiero satisfacerte y a la vez quiero atender mis necesidades. Para mí esto es suficiente por ahora, estar así contigo, sentada encima de ti, besándote, abrazándote, acariciándote. Sentir que estas excitado, que me deseas, pero sin que ello exija que estés dentro de mí. Lo necesitaré antes de lo que piensas, pero por el momento, yo estoy bien así, sin llegar a más –se lo explicaba con algo de timidez, mirándole a ratos y apartando los ojos al segundo siguiente.

-Cariño, no te estoy exigiendo nada, sólo estaba preguntando –habló Ranma queriendo reconfortarla. La besó tiernamente en la frente.

-Lo sé, pero me tienes que avisar cuando no quieras que siga, si es demasiado para ti. No quiero que te enfades conmigo –sonaba angustiada, como si estuviera pisando un terreno peligroso y no supiera muy bien cómo salir de ahí.

-No me voy a enfadar contigo. Ya sabes que te dije que seguiríamos tu ritmo. Si quieres hacer esto, haremos esto, si quieres que hagamos menos, haremos menos. Me adaptaré a ti, Akane –sus manos enmarcaron su rostro, haciendo que le mirase-. ¿Vale?

Ella asintió. Ranma se acercó para besarla tiernamente.

-Gracias por la recompensa –susurró sobre sus labios de buen humor-, ha estado definitivamente a la altura.

Akane sonrió, devolviéndole el beso, no separándose de él.

Rompieron el beso poco a poco cuando escucharon como sonaba el móvil de Ranma en el bolsillo de su chaqueta. Lo buscó con la mano, y al sacarlo, vio que se trataba de Hwong de nuevo.

-Es Kiamara –informó a su chica-. Vaya, a lo mejor han cancelado en entrenamiento –dijo antes de contestar.

Akane le sonrió esperando que así fuera, yendo después a acaramelar su cuello en silencio. Ranma no puso objeciones, abrazándola con el brazo que le quedaba libre.

-Dime Kia –respondió con energía-. ¿Buenas noticias esta vez?

Su amigo y compañero de entrenamientos sonó demasiado serio.

-No, Ranma. Jiro ha tenido una accidente de coche y está en el hospital.

-¿Qué? –la cara de Ranma se transformó en segundos, asimilando lo que le acababa de decir. Separó a Akane de sí, deteniéndola en sus avances vampíricos, lo que hizo que ella le mirara extrañada.

-Me acabo de enterar ahora, me ha llamado el entrenador. Por lo visto ha sido bastante grave –Hwong sonaba triste.

-Joder… -dijo Ranma con apenas un hilo de voz.

Akane se quedó estática, observando las facciones de Ranma, esperando pacientemente.

-Toikiu me ha dicho que el entrenamiento de mañana se cancela, ellos no se van a presentar. Pero me ha dejado entender que nosotros podemos hacer lo que queramos, ya que el pabellón estará libre por si lo queremos utilizar –le explicó Kiamara.

-Entiendo –Ranma no sabía qué más añadir, decir que se había quedado sin palabras era poco.

-Yo de todos modos no voy a decir nada de esto a los demás hasta mañana. Te llamo a tí porque eres el otro capitán del equipo y porque creo que debes saberlo, pero prefiero tener a todo el grupo mañana para contarles lo que ha pasado. Ya veremos qué hacemos para entrenamiento… ¿Te parece bien? –le preguntó su compañero.

-Sí, claro –contestó Ranma-. ¿Cómo ha sido?

Kiamara le comprendió al momento.

-Pues no sé mucho. Lo que sí sé es que Jiro ha acabado en urgencias. Toikiu me ha dicho que estará en contacto conmigo para mantenerme al tanto, así que supongo que mañana tendré más información. Tal vez te llamen a ti también, así que estate al loro.

-De acuerdo.

Hwong y Ranma no tardaron en despedirse y colgar. Akane le miraba preocupada, sus ojos brillantes en la noche.

-¿Qué ha pasado, Ranma?

 

----------------------------------------------

 

Cassio: I’m back! ¡Estoy de vuelta! Y no han pasado cuatro meses, increíble ;). Tuve inspiración el otro día, y bueno, acabé el capítulo más rápido de lo que esperaba. Eso sí, perdonadme si hay faltas de ortografía o alguna frase sin sentido, ya que lo he revisado rápido y corriendo.

 

Como podéis ver le he dado un nuevo giro a la historia con el tema de Jiro, porque me parecía un cabo suelto (en consecuencia, aún queda para el final del fic, lo que supongo que os alegrará).¿Cómo se enfrentarán Ranma y Akane a este hecho? No tengo ni idea, a ver qué me invento para el próximo capítulo.

 

Sé que la mayoría esperáis un lemon con impaciencia, y sólo deciros que acabará llegando, aunque tenéis que entender que tampoco merece la pena forzarlo en la historia, porque no quedaría muy creíble.

 

En otras ocasiones me han preguntado acerca de los otros personajes, tales como Ryoga, Xian-pu, Moose, etc. No creo que los incluya, porque bastante me estoy alargando ya en la trama, como para meter personajes como estos de lleno. Si eso para otro fanfic…

 

¡Espero que hayáis disfrutado del capítulo! Os veo en el siguiente.